Nuestra Señora de Totoltepec

Nuestra Señora de Totoltepec

NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS

NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS Extramuros

José Félix Zavala

Cuando Hernán Cortés sitia a las ciudades mexicas de Tenochtitlan y Tlatelolco para vencerlas, practica un plan consistente en:

– Cortar el agua potable que llegaba por el acueducto de Chapultepec

– Divide sus fuerzas en tres grandes grupos y prepara sus bergantines para asolar a estas ciudades

– Coloca a Pedro de Alvarado en Tacuba con 30 caballos y 18 ballesteros y escopeteros 150 peones de espada y rodela más 25 mil soldados tlaxcaltecas.

– A Cristóbal de Olid lo ubica en Coyoacán con 33 caballos y 18 ballesteros y escopeteros, 160 peones de espada y rodela más 20 mil soldados indígenas aliados.

– A Gonzalo de Sandoval en Iztapalapa con 24 caballos cuatro escopeteros, trece ballesteros, 150 peones de espada y rodela y 30 mil soldados de Huejotzingo Cholula y Chalco.

– Asume Cortés el mando de los bergantines y trescientos hombres, todos gente de mar.

Como se puede ver Hernán Cortes trata de vencer a la Gran Tenochtitlan con cerca de 75 mil soldados aliados y 800 españoles según el relato de conquista escrito en 1528 por un indígena de Tlatelolco.

Era el presagio de Moctezuma o el tetzahuitl, antes de la conquistas española. Fue tarde cuando el Tlatoani quiso huir a la Casa del Maíz en Chapultepec.

Cien años pasaron hasta que el fraile Luis Cisneros, relatara con detalle y rigor el principio y origen de la imagen de Nuestra Señora de los Remedios extramuros, que se venera en La Casa de las Aves, un antiguo centro ceremonial mesoamericano, a cuyas faldas se encuentra el pueblo de San Juan Totoltepec.

Son ya muchos los años que pasaron cuando recibiera del presidente real de Las Indias, esta imagen, una rana de oro con trece diamantes, un manto con 24 piezas de oro, una cruz de perlas, un papagayo de oro con 6 esmeraldas, un cetro de oro, una flor de oro con 33 diamantes, un rico vestido y manto recamados en oro y bordados sobre azul, un relicario grande de plata, un rosario de ámbar guarnecido de oro, entre cientos de regalos más, antes de ser colocada en un tabernáculo de plata sobre dorado y cuyo hueco esta llenado de piedras preciosas, es su camerin, donde cirios y candela la iluminan y donde todas las piedras preciosas de la capillita la adornan y pareciera que tiene por vestidura el sol, por escabel la luna y por diadema las estrellas.

Es maravilloso ver aquel santuario donde siempre hay encendidas cinco lámparas, que iluminan su tabernáculo de plata y un altar con tanta riqueza, adornado de frontales de tela, brocado, terciopelo, bordados, manteles, candeleros y blandones de plata. Las paredes de la capilla siempre están adornadas y las lámparas son tantas y tan grandes que la capilla parece pequeña.

La ermita corre de oriente a poniente sobre el Cúe mesoamericano, donde fue encontrada por el indio Juan Cuautli.

La iglesia está techada de buena madera, en su campanario se encuentran dos campanas medianas y dos pequeñas, la entrada tiene dos puertas labradas de cantería y en su atrio altares en las esquinas para las procesiones.

Tiene la iglesia de alto casi 10 varas, el coro de largo casi 20 pies.

En su fiesta de cada primero de septiembre entra la muchedumbre, con la cera, que se juntan mas de 6 arrobas y siempre hay sermón y procesión.

En uno de los Santuarios más antiguos de México, en él se encuentra la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, la imagen más antigua del continente, facturada en España, en el siglo XV, por un desconocido artesano, es una talla estofada que mide 26 centímetros de alto y el niño de 6 centímetros.

Porta vestido, corona y una luna bajo sus pies, todo añadido tiempo después del inicio de su culto en el santuario donde se encuentra.

El primero de septiembre, es la fiesta principal de Nuestra Señora de Los Remedios, aproximadamente 10,000 personas la visitan con ese motivo.

Al llegar a la capital del Imperio Mexica, Hernán Cortés ordenó a un integrante de sus huestes de apellido Villafuerte que colocara la imagen de la Virgen de los Remedios en uno de los altares del Templo Mayor de la gran Tenochtitlan, allí fue expuesta por unas semanas hasta que los españoles y sus aliados fueron expulsados, ya no se supo nada más de la pequeña imagen.

Durante la derrota conocida como de la Noche Triste, el 30 de junio de 1520, Cortés tuvo que retirarse precipitadamente de México- Tenochtitlan. La escena según cuentan los cronistas, fue espantosa: mientras intentaban huir por la calzada de Tlacopan. Muchos de los españoles habían caído prisioneros.

Exhausto y desmoralizado Hernán Cortés y sus hombres llegaron a Tacuba y decidieron pernoctar en ese lugar, por lo cual se abandona todo lo que no es necesario para facilitar la salida y por ese motivo la pequeña imagen fue escondida bajo un maguey.

Años después, fue encontrada en 1540 por el indio Juan Ce Cuautli, quien la llevó a su casa en San Juan Totoltepec, población cercana para después levantar primero una ermita en el altepetl Otomcapulco. La Casa de las Aves.

Se sabe sobre esta imagen de la Virgen de los Remedios Extramuros, que llega en el año de 1519 a tierras mexicanas, el soldado Juan Rodríguez de Villafuerte la trae consigo, probablemente de Alcántara, Extremadura o de Tolosa, como protectora en su viaje.

La Imagen preside en La Vera Cruz, la primera misa celebrada en México el día 21 de Abril de 1519, oficiada por el mercedario Fray Bartolomé de Olmedo.

Nuestra Señora de los Remedios Extramuros, como se mencionó anteriormente, fue venerada por los invasores españoles en el Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán, donde la coloca Juan Rodríguez de Villafuerte por mandato de Hernán Cortés.

La Leyenda

Hacia 1540, un indio cacique, de nombre Juan Cuatli caminaba por los parajes cercanos al pueblo de Tacuba y se dice que vio a la Señora en el cielo que con voz sensible le decía: “Hijo, búscame en ese pueblo” poco tiempo después, debajo de un maguey, Juan Cuatli encontró la vieja estatuilla de madera que había desaparecido desde 1521.

Otra versión, hallada en una antiquísima relación mexicana de la Virgen de Guadalupe, asegura que en 1544 el cacique Juan Cuatli, nombrado después, “el vidente de los Remedios”, enfermó de la peste, fue a suplicar al Tepeyac su curación, le dijo: “Levántate, ya estás sano, vuelve a tu casa, te ordeno que en la cumbre donde están los magueyes y viste mi imagen, erijas el templo donde he de estar”.

La Devoción:

Años más tarde, la devoción a Nuestra Señora de los Remedios se fue extendiendo poco a poco por todas partes y las autoridades civiles construyeron en 1575 el santuario donde hoy es venerada la imagen.

Entre los años 1589 y 1590, el Regidor Alonso de Valdés se opone a la orden del Virrey de entregar la Ermita a los franciscanos.

La Imagen es sustraída de la Ermita y se la esconde, un año después con la llegada del nuevo Virrey, se restituye la imagen en la Ermita.

Al erigirse la diócesis de Tlalnepantla en 1964 el santuario quedó en la misma circunscripción.

El 19 de octubre de 1974 el Obispo fray Felipe de Jesús Cueto hace la coronación Pontificia de la Virgen de los Remedios como Reina del clero diocesano

El 23 de octubre de 1991, Manuel Pérez Gil, Primer arzobispo de Tlalnepantla, por decreto de Su Santidad Juan Pablo II, proclama patrona de la arquidiócesis de Tlalnepantla a Nuestra Señora de las Remedios.

El 23 de octubre de 1999 se eleva el Santuario a Basílica.

Antiguamente la gente recurría a Nuestra Señora de los Remedios Extramuros, por la falta de lluvias, las epidemias, sarampiones y demás males que los azolaban a los pobladores del Valle de México.

Durante años su imagen recorrió la Calzada México-Tacuba en impresionantes peregrinaciones hasta Catedral, con el propósito de proteger al pueblo de los terribles males, inundaciones o temblores que hacían su aparición.

En las vistosas y multitudinarias procesiones, las autoridades eclesiásticas y civiles incluyendo al propio virrey, trasladaban a la Virgen desde su santuario en las afueras de la ciudad, para colocarla durante meses en la Catedral de la Ciudad de México.

Actualmente las fiestas para conmemorarla siguen, su día el primero de cada mes de septiembre es el detonante para que lleguen hasta ese santuario, miles de peregrinos, peregrinaciones, danzantes.

Es una fiesta, una celebración llena de milagros, que desde hace milenios ocurren en este Altepetl, sitio mágico, maravilloso…”En La Casa de Las Aves”

“Historia del Principio y Origen, Progresos, Venidas a México, y Milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de los Remedios, extramuros de México” Por el maestro Fray Luis de Cisneros, de la Orden de Nuestra Señora de La Merced, Redención de cautivos, catedrático de propiedad de vísperas de teología de La Real Universidad de México” año de 1621.

Esta obra citada es la fuente que fincó la tradición sobre la imagen de Nuestra Señora de Los Remedios, que se venera en la hoy Basílica dedicada a su culto, la utilizó Francisco de Florencia en 1745, lo mismo que Ignacio Pérez Carrillo en 1808, para sus respectivas obras sobre el tema que nos ocupa.

Fray Luis de Cisneros nos dice haberla terminado para el 23 de octubre de 1616, pero fue publicada en 1621 después de la muerte del autor ocurrida, el 30 de diciembre de 1619,., habiendo solicitado su impresión al Cabildo de la ciudad de México el 16 de enero de 1617.

“…Que yo he hecho un libro del que yo hago presentación… , del origen y principio de la Santa imagen de Nuestra Señora de los Remedios extramuros de esta ciudad,…, de su maravillosa invención, progresos y grandes milagros que ha hecho…pues en la historia se echa de ver la gran cristiandad y suma de vecinos de vuestra señoría con el santuario de esta santa imagen, pues a tan gran costa suya lo tiene adornado que como consta de la historia, no hay otra en toda la Europa que lo esté más…para que los ausentes y por venir, sepan lo que nuestra Señora ha hecho y hace…de las obras grandiosas que Nuestro Señor hace por intercesión de la imagen…”

“…Este día se autorizan mil pesos para la impresión de la obra…la santa imagen de Nuestra Señora de Los Remedios, que está en poder de Alejo Martín, mayordomo de la cofradía de la dicha ermita para ayuda e imprimir el libro del principio y origen de la santa imagen y habiendo yo cumplido a satisfacción de vuestra señoría con todo lo que me mandó para que se me entregasen los dichos mil pesos…”

El fraile Luis de Cisneros hizo investigación como docto que era lo más que pudo en las fuentes escritas y con informantes, en documentos y en la tradición oral, esta historia también esta contada en los frescos realizados en 1595, por el pintor Alonso de Villasana, cuyo autor intelectual y editor de los textos fue el capellán Jusepe López y también nos afirma que la ermita que se estaba reconstruyendo era la edificada por Juan Cuatli y no la primera y original mandada a construir por Hernán Cortés y los conquistadores.

Para 1583 comprobada la antigüedad de la imagen de Los Remedios y su culto, se hace constar que para entonces ha cobrado gran importancia el culto a la Virgen de Guadalupe, que se hace alternativo a la Virgen de los Remedios.

En la obra de el mercedario Luis de Cisneros, que nos ocupa como fuente de esta tradición, se nota fuertemente su criollismo y se da como fundantes dos cultos, el de la Virgen de Los Remedios y el de la Guadalupana, de la construcción de la nacionalidad mexicana en su mas profundo sentido.

Luis de Cisneros, primer criollo que entra a la orden de la Merced, queda con esta obra como uno de los primeros criollos de los que defienden con pasión su nueva patria y asi lo serán los venideros hasta la Independencia. Nos dará en su libro la historicidad del culto a la Virgen de los Remedios que inicia con la colocación de la imagen en el Templo Mayor de Tenochtitlan, como inicio de esta historia y después de la noche triste con la figura de Juan Cuautli, que pide la construcción de una ermita en el Cerro de Otomcapulco en 1575 y confirma el autor la creencia de que esta talla fue traída por Rodríguez de Villafuerte, soldado de Hernán Cortes en el viaje de conquista.

Doña Ana hija del cacique Juan Cuautli, quien encontrara la imagen en el centro ceremonial donde hoy se encuentra la Basílica de los Remedios, fue una de las informantes del autor Luis de Cisneros, primer historiador de esta tradición, aunque no deja de reconocer que los principios de esta imagen son obscuros y que la mayor prueba que se tiene de esta imagen es la tradición oral que dice que el soldado Juan Rodríguez de Villafuerte, al embarcarse para lo que ellos llamaban Las Indias, un hermano suyo se la regaló para que lo protegiese durante el difícil viaje y la trajo consigo en una caja de hojalata y nunca la dejó durante el viaje que hizo con Cortes desde Cuba hasta Tenochtitlan, donde le fue ordenado por su capitán al derrocar las imagenes de los dioses mesoamericanos y cuando fueron expulsados y salieron por la Calzada de Tacuba hacia Naucalpan que fuera escondida la imagen en el sitio donde ahora se encuentra.

A esta imagen le llaman “la conquistadora”, por haber sido colocada en el Templo Mayor dedicado a Huitzilopochtli y Tezcatlipoca, de la antigua Ciudad de México cuando Cortés entró con los aliados y derribó los dioses mesoamericanos y estuvo allí la imagen hasta que salieron huyendo de México los españoles.

Esta imagen fue encontrada por el cacique Juan Cuautli, a quien se le atribuyen haber visto visiones de la Virgen de los Remedios y el milagro de haber sido curado por ella cuando ya se le tenia por muerto y fue éste quien promovió la construcción de la ermita allá por 1540 en la cima del templo prehispánico levantado en Otomtepulco.

Reseña Luis de Cisneros que la imagen de la Virgen de los Remedios, comenzó a ser venerada por los vecinos de esta población citada, desde que se encontraba en la casa de Juan Cuautli, pronosticando el bien que se podía tener por Ella.

“…La ermita, que está a la parte poniente de México, dos tiros de escopeta arriba de una cuesta que va al Valle de Toluca, despensa abundantísima de esta ciudad, a cuyo pie remata un largo y extendido llano de casi tres leguas que hay de llano apacible, que hay desde México…entre jardines y huertas … es frecuentadísima esta ermita”.

“Para beber tiene cerca, a la caída de la cuesta, el abundante y hermoso río que del nombre de la ermita se llama de Los Remedios, que tiene su nacimiento entre aquellas obras y riscos que tiene la ermita a las espaldas, que bajando de ellas pasa por el pie de la cuesta delante de la ermita…toda esta tierra riega el río y provee de agua a todos los pueblos que hay en medio y todas las huertas que llaman de Tacuba, que corre hasta estar cerca de esta ciudad…”

“…sentía mucho don Juan Cuautli ver que no se vaciaba su casa de gente, que iba a visitar a la Virgen y así trató con el maestrescuela, que se hiciese traslación de la imagen a una ermita que está en el mismo pueblo…y con esto excusaría la inquietud que le causaba el concurso de la gente. Nombró a Gabriel López mayordomo de la ermita para que cuidase de su adorno, guarde la imagen y estuvo en ese lugar un año, …después se le edificó el sitio donde está hoy como lo refiere Blas García de Palacios, vecino y primer sacristán de la ermita.

La obra de esta ermita, fue de paredes de piedra y barro, su techo pobre y pajizo, edificada al pie del mismo Cué, era una casa pequeñita y allí estuvo la imagen 25 años”.

Elevada a la dignidad de Basílica Menor por Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El jueves 22 de octubre de 1998, a las 5:00 p.m. Justo Mullor García, Nuncio Apostólico en México, con Ricardo Guizar Díaz, Arzobispo de Tlalnepantla acompañados de cuatro Obispos de México, Rectores de Santuarios de la ciudad de México, 200 Presbíteros, Diáconos y Religiosos de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, proclama ante el pueblo de Dios en Solemnísima Liturgia, el Decreto y el Breve por el que S.S. Juan Pablo II eleva el Santuario de Ntra. Sra. de los Remedios a la dignidad de Basílica

Cuando inició la guerra de Independencia, la Virgen de los Remedios tenía una clara ventaja sobre la Guadalupana: experiencia en combates; su historia era épica. Según cuenta la tradición, Juan Rodríguez de Villafuerte, uno de los hombres de Hernán Cortés, trajo a territorio americano una imagen de la Virgen de los Remedios “para su consuelo” ; era un regalo de su hermano que al entregársela le había dicho que tuviera mucha confianza porque a él le habría librado de los peligros de las batallas en que se había hallado y esperaba que le sucediera lo mismo en el Nuevo Mundo .

Al llegar a la capital del Imperio Azteca, Cortés ordenó a Villafuerte que colocara la imagen de la Virgen de los Remedios en un altar del Templo Mayor, donde solían efectuarse los sacrificios humanos, allí fue expuesta por unas semanas hasta que estallara la guerra y no se supo nada mas de la pequeña imagen labrada de madera.

Durante la derrota de la Noche Triste el 30 de junio de 1520, Cortés tuvo que retirarse precipitadamente de México- Tenochtitlan. La escena según cuentan los cronistas, fue espantosa : mientras intentaban huir por la calzada de Tlacopan, hoy Tacuba, muchos de los españoles habían caído prisioneros y podían divisarse como eran sacrificados por los aztecas. Exhausto y desmoralizado, el conquistador y sus hombres llegaron a un pequeño monte delante del pueblo de Tlacopan y decidieron pernoctar en ese lugar. La virgen se apareció acompañada, según se refiere, por Santiago -Patrón de España- y los abatidos conquistadores encontraron un remanso de paz, confiando en que la madre de Dios los conduciría a la victoria definitiva. Un año después caía México-Tenochtitlan.

Hacia 1540, un indio cacique, de nombre Juan Cuautli caminaba por los parajes cercanos al pueblo de Tacuba y vio a la señora en el cielo “que con voz sensible le decía, hijo, búscame en ese pueblo” poco tiempo después , debajo de un maguey, Juan Cuautli encontró la vieja estatuilla de madera que había desaparecido desde 1520.

Hacia 1575 ya estaba concluido su templo, hoy parte del actual municipio de Naucalpan, al cual se le otorgó la distinción de basílica por el Papa Juan Pablo II.

La gente recurría a la Virgen de los Remedios “en las faltas de lluvias a su tiempo, las epidemias de tabardillos, sarampiones y otras semejantes” . Durante años su imagen recorrió la Calzada México-Tacuba para proteger al pueblo de las terribles epidemias, inundaciones o temblores que de vez en cuando recordaban a los habitantes de la ciudad, que la naturaleza no tenía credo religioso. En las vistosas y multitudinarias procesiones, las autoridades eclesiásticas y civiles incluyendo al propio virrey, trasladaban a la Virgen desde su santuario en las afueras de la ciudad para colocarla durante meses en la catedral de la Ciudad de México.

Cuando las calamidades no cedían, ni siquiera con la intercesión de la Virgen de los Remedios, las autoridades recurrían a la imagen Guadalupana como último recurso, lo cual no dejaba de causar cierto malestar en el pueblo, pues era un insulto recurrir a la Virgen morena como segunda opción aunque finalmente imperaba la alegría cuando la gente podía observar muy de cerca a la Guadalupana al frente de una procesión.

Alexander von Humboldt percibió la rivalidad entre ambos grupos de fieles:

“…El espíritu de partido, que reina entre los criollos y los gachupines, da un matiz particular a la devoción. La gente común, criollos e indios, ve con sentimiento que, en las épocas de grandes sequedades, el Arzobispo haga traer con preferencia a México la imagen de la Virgen de los Remedios.

De ahí aquel proverbio que tan bien caracteriza el odio mutuo de las castas: ”hasta el agua nos debe venir de la gachupina”. Si, a pesar de la intercesión de la Virgen de los Remedios, continúa la sequía……el Arzobispo permite a los indios vayan a buscar la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe…”

Cuando el cura Hidalgo decidió tomar el estandarte de la Virgen de Guadalupe como bandera de la lucha que emprendía en septiembre de 1810, le dio un sentido religioso a la guerra de Independencia. No era imposible imaginar la respuesta popular: el cura fue visto entonces como un hombre ungido por la divinidad para liberar al pueblo oprimido.

Durante los 11 años que duró la guerra, la Guadalupana ocupó un lugar fundamental para la causa insurgente. Al tomar este estandarte, Hidalgo le otorgó a la lucha un carácter sagrado. Cargaba siempre consigo, entre sus ropas, una imagen de la Virgen morena.

En los “Sentimientos de la Nación”, Morelos propuso que la celebración oficial de la “patrona de nuestra libertad” fuera el 12 de diciembre. Los miembros de una sociedad secreta que trabajaba a favor de la Independencia desde la Ciudad de México, adoptaron el nombre de “los Guadalupes”. Los guerrilleros de Pedro Moreno portaban en sus sombreros estampas de la señora del Tepeyac.

La respuesta española fue inmediata. De poder a poder, el virrey Francisco Xavier Venegas mandó traer la imagen de la Virgen de los Remedios para resguardarla de los insurgentes, pero sobretodo, para enarbolarla como bandera de los ejércitos realistas. El virrey se veía a sí mismo como Cortés siglos atrás: ante una situación que parecía irremediable, la Virgen de los Remedios había acompañado al conquistador hasta el triunfo.

Tres siglos después,

Las medidas del virrey llegaron demasiado lejos. A la Virgen de los Remedios se le dio grado militar y desde entonces se le conoce como “La Generala”. Las monjas del convento de San Jerónimo la vistieron con los blasones y la banda correspondiente, y el niño Jesús—que cargaba en sus brazos— también fue vestido según la usanza. En procesión, la madre de Dios, recorrió la Ciudad de México, mostrando su bastón de mando en una de sus manos, y podía observarse a su pequeño hijo portando un sable. La Virgen y su hijo, Jesucristo, en pie de guerra.

Una vez finalizados los actos públicos, la Virgen fue colocada en el altar principal de la Ciudad de México. En aquel santo lugar su función era doble: una espiritual, dar consuelo a los fieles, recibir ofrendas, ex votos o limosnas; la otra, muy humana, delatar al insurgente. De todos era sabido que los revolucionarios eran guadalupanos: Aquellas personas que, luego de escuchar misa en la catedral, no hicieran la reverencia correspondiente ante la Virgen de los Remedios, seguramente lo hacían ante la Guadalupana, por tanto eran insurgentes. De ese modo, mucha gente fue falsamente acusada de rebeldía. Las autoridades no repararon que, mas allá de la banalidad de las cosas del mundo terrenal, había gente que de buena fé mostraba su devoción a una u otra virgen sin tomar partido por alguna causa política.

Al final, triunfó la causa insurgente y la Virgen de Guadalupe. No en términos religiosos, ni porque fuera mayor en la devoción del pueblo por ella; venció porque era un símbolo de unidad; un elemento que conjuntaba a todos aquellos que consideraban pertenecientes al mismo terruño; aquéllos que veían la historia de 1521 como algo común a todos.

La Guadalupana era una Virgen innegablemente mexicana. Con la consumación de la Independencia, en 1821, llegó la reconciliación de ambas advocaciones a los ojos de los mexicanos: La Morena y la Generala compartían un futuro común en un país que iniciaba su andar en la historia.

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