Pacientes graves con covid-19 experimentan delirio con riesgo de desarrollar demencia

Pacientes graves con covid-19 experimentan delirio

Lo que más preocupa a los médicos es que un solo episodio de delirio puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia años después.

Por Melisa Carrillo

(apro).-

Un gran número de pacientes con covid-19 hospitalizados en estado grave han experimentado delirio, en especial los adultos mayores, por lo que los doctores han comenzado a preocuparse, pues esta afección tiende a causar demencia años después.

De acuerdo con un artículo de la revista Nature, el delirio es tan común en pacientes con covid-19 que algunos investigadores han propuesto convertir la afección en uno de los criterios de diagnóstico de la enfermedad.

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Un estudio publicado el mes pasado reveló que el 28% de los adultos mayores con covid-19 tienen delirio cuando acuden al departamento de emergencias. Otro estudio publicado en abril en Estrasburgo, Francia, encontró que el 65% de las personas que estaban gravemente enfermas con coronavirus tenían confusión aguda, un síntoma del delirio.

Mientras que datos presentados el mes pasado por el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt en Nashville, Tennessee, mostraron que el 55% de las 2 mil personas que fueron tratadas por covid-19 en unidades de cuidados intensivos de todo el mundo habían desarrollado delirio.

El artículo resaltó que estos números son mucho más altos de lo que los médicos están acostumbrados, ya que, por lo general, alrededor de un tercio de las personas que están gravemente enfermas desarrollan delirio de acuerdo con un metanálisis de 2015.

Pero lo que más preocupa a los médicos es que un solo episodio de delirio puede aumentar el riesgo de desarrollar demencia años después y acelerar las tasas de deterioro cognitivo en aquellos que ya padecen la afección, de acuerdo con estudios a largo plazo que se han realizado en la última década.

Sharon Inouye, geriatra del Instituto Marcus para el Envejecimiento y la Facultad de Medicina de Harvard en Boston, y quien ha estudiado el delirio durante más de 30 años, explicó que el delirio ocurre cuando convergen varios factores estresantes.

Las vulnerabilidades preexistentes, como las enfermedades crónicas o el deterioro cognitivo, pueden combinarse con factores desencadenantes, como la cirugía, la anestesia o una infección abrumadora, para provocar una aparición repentina de confusión, desorientación y dificultades de atención, especialmente en los adultos mayores, detalló, sin embargo, la presencia de un familiar que ayude a los pacientes a orientarse puede reducir la incidencia del delirio en un 40%, algo que es muy complicado durante la pandemia de covid-19.

Los investigadores han lanzado varios estudios para explorar los impactos neurocognitivos a largo plazo del covid-19, incluida la demencia, e Inouye y otros esperan que este trabajo permita explorar los vínculos entre las dos condiciones.

Tino Emanuele Poloni, neurólogo de la Fundación Golgi Cenci explicó que “el delirio ocurre fácilmente cuando el cerebro no puede compensar una situación estresante”. Los investigadores piensan que las causas biológicas subyacentes son la inflamación y un desequilibrio en los neurotransmisores, mensajeros químicos como la dopamina y la acetilcolina.

Por otra parte, Inouye ha detectado que, independientemente de lo que precipite el delirio, alrededor del 70% de las personas con síntomas finalmente se recuperan por completo. Sin embargo, en el 30% que no lo hace, un episodio de delirio conduce a un deterioro cognitivo profundo, incluso a síntomas de demencia.

Inouye investigó a un grupo de 560 personas de 70 años o más que se habían sometido a cirugía y observó que el deterioro cognitivo durante los 36 meses siguientes era tres veces más rápido en los que desarrollaron delirio que en los que no tenían la afección.

Los científicos aún no están de acuerdo si el vínculo entre el delirio y la demencia es fuerte solo en aquellos que de todos modos habrían desarrollado demencia, o si el delirio aumenta el riesgo de deterioro cognitivo incluso en individuos que no están predispuestos a él. Tampoco pueden decir con precisión de qué se trata el delirio que podría provocar demencia, relató el artículo.

Pero el alto número de personas que desarrollaron delirio hizo que Inouye y otros investigadores se preocuparan de que la pandemia pudiera provocar un aumento en los casos de demencia en las próximas décadas.

Ante esta situación, institutos de todo el mundo han comenzado a financiar estudios sobre los efectos cognitivos a largo plazo del covid-19 y algunos de ellos analizarán el delirio, por lo que Inouye espera que estos estudios conduzcan a un interés científico continuo en la conexión entre el delirio y la demencia, y proporcione algunos conocimientos.

“Creo que va a ser un poco aterrador y un poco esclarecedor, tanto sobre cómo la enfermedad afecta el riesgo de demencia, como sobre qué otros factores de protección genética y de estilo de vida también pueden influir en el riesgo”, dijo Natalie Tronson, neuropsicóloga de la Universidad de Michigan en Ann Arbor. “Estamos aprendiendo rápido, pero todavía hay muchas cajas negras”.

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