La escritora y activista Rebecca Solnit. En ‘Recuerdos de mi inexistencia’

Rebecca Solnit contra la violencia hacia las mujeres

Alejandro García Abreu

La escritora y activista Rebecca Solnit (Bridgeport, Connecticut, 1961) se ha opuesto sistemáticamente a la violencia de género y le ha dedicado múltiples páginas al tema. En ‘Recuerdos de mi inexistencia’ (Lumen) combate las intenciones patriarcales de arrebatar la vida y la voz a las mujeres.

 

Pugna contra la violencia patriarcal

En una entrevista de Andrés Seoane con Rebecca Solnit (Bridgeport, Connecticut, 1961) publicada en El Cultural de España, la escritora afirmó, contundente: “la violencia contra las mujeres es siempre violencia contra las voces. Tradicionalmente, las mujeres han sido descreídas y castigadas por hablar. Por alzar la voz, que es una parte central de nuestra humanidad.”

Escritora magistral, historiadora y activista, Solnit es autora de veinte libros sobre feminismo, transformación social, seguridad, poder popular, historia occidental e indígena y, de forma majestuosa, sobre el arte del paseo. Su obra constituye una mezcla de “esperanza y desastre”, según la estadunidense.

Capitán Swing ha publicado en español Los hombres me explican cosasWanderlust. Una historia del caminar, Esperanza en la oscuridad. La historia jamás contada del poder de la gente, Una guía sobre el arte de perderseUn paraíso en el infierno. Las extraordinarias comunidades que surgen en el desastre y La madre de todas las preguntas. Lumen publicó Cenicienta liberada.

En Recuerdos de mi inexistencia (traducción de Antonia Martín, Lumen, 2021), Solnit describe su formación como escritora y como feminista en la década de los ochenta en San Francisco, en un ambiente de violencia de género. Escribió sobre el asesinato de mujeres: “Cada muerte era una pequeña herida, un pequeño peso, un mensaje breve que decía que podía haber sido yo.” También aseveró:

Cada muerte de una mujer era un mensaje para todas en general, y en aquella época me centré en la supervivencia con una especie de terror y conmoción al descubrir que vivía en una guerra no declarada. Quería que la declarasen, y de vez en cuando la he declarado yo misma lo mejor que he sabido.

Libro de memorias, el volumen también exhibe que las mujeres se ven afectadas por la pertenencia a una sociedad en donde la violencia contra ellas está presente de manera permanente. Se trata de un problema sistémico. La desaparición es, para la escritora, un problema de supresión de las mujeres por parte de los hombres. Recuerdos de mi inexistencia constituye una pugna contra la violencia patriarcal. Solnit concluyó:

Este es un libro sobre obstáculos y animadversiones, pero también sobre quienes construyen puentes y sobre amabilidades. […] Gracias a todas las mujeres que han demostrado que las historias pueden cambiar el mundo, que han cambiado el relato colectivo del viejo relato global construido sobre un silenciamiento interminable; gracias a la infinidad de personas que cuentan historias en los medios sociales, en foros públicos, en conversaciones, en las noticias, en libros y juzgados, a quienes con su voz han roto ese silencio y así han abierto espacio para que se escuchen otras voces, quizá antes de que también ellas se conviertan en supervivientes con una historia terrible que contar. Gracias, feminismo. Gracias, intersecciones. Un brindis por la liberación de todos los seres.

El arte de la desaparición

En Recuerdos de mi inexistencia Solnit dice que los libros sí le pertenecían. Cerrado, un libro es un rectángulo, afirma, y abierto recuerda la V de los pájaros en vuelo. Piensa en eso y en las mujeres que se convierten en aves.

Recuerda los efectos de la muerte de su padre: “Mi padre había fallecido en los primeros días de 1987 mientras viajaba por el otro extremo del mundo, y con su muerte resultó bastante seguro relajarse un poco y abrir de par en par lo que había permanecido cerrado.” Y explora el arte de la desaparición:

Me convertí en una experta en evaporarme, deslizarme y escabullirme, en retroceder y zafarme de situaciones difíciles, en esquivar abrazos, besos y manos indeseados, en ocupar cada vez menos espacio en el autobús cuando un hombre se despatarraba e invadía mi asiento, en desligarme poco a poco o en desaparecer de golpe: en el arte de la inexistencia, ya que la existencia era muy peligrosa. Se trataba de una estrategia difícil de desaprender las veces que deseaba abordar a alguien directamente.

Se remonta al pasado: “Ansiaba sentir el tiempo, la historia, la muerte, la profundidad, la textura de que habían carecido mi infancia y adolescencia.” Encontró una vía de escape. “Cuando leía, dejaba de ser yo, y esa inexistencia era algo que perseguía y devoraba como una droga. […] Vivir a través de los libros era inexistencia, así como muchas otras existencias, mentes y sueños que habitar y maneras de ensanchar la existencia imaginativa e imaginaria”, escribió Solnit en Recuerdos de mi inexistencia. La escritora concibe a la lectura como una manera de habitar el mundo.

 

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