Una de cada cuatro personas en el mundo padecen uno o más trastornos mentales o del comportamiento lo largo de su vida.

Pacientes siquiátricos enfrentan prejuicios y discriminación
 “Cuando se enteraban de mi trastorno, me decían: ‘deberías estar en el Fray Bernardino’”, señala Ilse, quien tuvo que desertar de la universidad.
Carolina Gómez y Laura Poy
La Jornada

Una de cada cuatro personas en el mundo padecen uno o más trastornos mentales o del comportamiento a lo largo de su vida. Muchos enfrentan el estigma y la discriminación. Especialistas en salud mental señalan que persisten prejuicios sobre estas personas que son consideradas, de forma infundada, potencialmente violentas y peligrosas, impredecibles e incapaces de laborar.

Ilse Gutiérrez fue diagnosticada hace una década con trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar. Cuando acudimos al médico a explicar que vemos o escuchamos cosas que otros no, en general nos demeritan, menosprecian o no nos creen. Dejamos de ser como otro paciente, lo que decimos ya no tiene validez. Cuando revelo mi diagnóstico la gente se asusta. Es una etiqueta.

Pedagoga e integrante de la Red Orgullo Loco México, que agrupa a pacientes de trastornos mentales que buscan su dignificación y combatir toda forma de discriminación, asegura que “nadie dice ‘yo soy paciente siquiátrico’, porque se arriesga a perder su trabajo o a ser expulsado de la escuela”.

Cuando cursaba la licenciatura y di a conocer mi diagnóstico, “me hicieron la vida imposible. Sufrí violencia y discriminación por parte de la comunidad universitaria. Decían ‘¿qué haces aquí? Deberías estar archivada en el (Hospital Siquiátrico) Fray Bernardino (Álvarez)’.

“Incluso pusieron en duda que hubiera pasado el examen de ingreso por mi condición mental. ‘Eres un peligro para la comunidad, en cualquier momento puedes agredir a alguien’. Ese discurso me lo repitieron durante meses y terminé por desertar”.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) define esta práctica como exclusión o restricción que obstaculiza, restringe o menoscaba el reconocimiento de los derechos humanos y libertades, mientras el prejuicio es una predisposición irracional a adoptar comportamientos negativos hacia alguien, basado en una generalización errónea que lleva a emitir juicios sin sustento.

El director general de los Servicios de Atención Siquiátrica de la Secretaría de Salud (Ssa), Juan Manuel Quijada Gaytán, afirma que el estigma social tiene tres componentes: la etiqueta, que es definir a alguien como el locoel esquizofrénicoel bipolarel peligroso.

El segundo es el prejuicio: una vez que estás etiquetado como loco, entonces has de ser peligroso. Y el tercer componente es la distancia social: Es la discriminación: ¡quítenlo de mi vista! No quiero tener contacto con él, debe estar encerrado.

Subraya que la discriminación hace mucho daño a los pacientes con algún trastorno mental, porque en la sociedad no hay información correcta que evite que caigamos en el estigma.

Quijada Gaytán revela que contrario a lo que se cree, menos de 5 por ciento de los pacientes con una enfermedad mental aguda –como trastorno bipolar en fase de manía, sicosis o intoxicación por sustancias– llegan a presentar conductas violentas. Es un gran mito eso de que son agresivos, y cuando lo son, en la mayoría de los casos la conducta es autodirigida.

Agrega que la mayoría de los pacientes son muy productivos. Algunos son empresarios, académicos, profesionistas, que sólo cuando presentan fases críticas requieren internamiento de dos o tres semanas.

David Hernández Guzmán, sicólogo de la Unidad de Salud Mental del Hospital Juárez de México, señala que no sólo se presenta el estigma hacia los pacientes con un trastorno mental, también existe el autoestigma, es decir, hay temor al diagnóstico y a lo que otros puedan pensar. Esto puede llevar a retrasar por cinco a 10 años la búsqueda de atención médica.

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