Pedro Olalla: el mar y la civilización griega

Pedro Olalla: el mar y la civilización griega

Alejandro García Abreu

 

El cielo del Egeo

A través de una cuenta regresiva de capítulos que va del diez al cero, Pedro Olalla (Asturias, 1966) –helenista español excepcional– retorna al universo griego en Palabras del Egeo. El mar, la lengua griega y los albores de la civilización (Acantilado, Barcelona, 2022).

El autor de Historia menor de Grecia. Una mirada humanista sobre la agitada historia de los griegos (prólogo de Nikos Moschonas, mapas de Pedro Olalla, Acantilado, Barcelona, 2012) –del que la cartógrafa e historiadora Nathalie des Palmes citó en su ensayo “Historiographie grecque. Littérature et histoire” [Historiografía griega. Literatura e historia] el siguiente pasaje del texto olallaiano: “La idea de la obra es recorrer la historia rastreando en esos gestos la formación y la supervivencia de una actitud vinculada a lo griego desde los lejanísimos días en que Homero comenzó la búsqueda de lo universal: la actitud humanista”–, Grecia en el aire. Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual (Acantilado, Barcelona, 2015) y De senectute politica. Carta sin respuesta a Cicerón (Acantilado, Barcelona, 2018), es Miembro Asociado del Centro de Estudios Helénicos de la Universidad de Harvard.

En Palabras del Egeo, Pedro Olalla escribe: “La primera página en blanco de este cuaderno en el que ahora te escribo refleja de forma cegadora la pletórica luz que vierte sobre el mundo el cielo del Egeo. Bien pensado, casi me atrevería a decir que no refleja sólo la luz: que también es sensible al soplo de esta brisa…” Comparte una visión citada por Des Palmes: “cada vez que levanto la mirada, me encuentro con el mar, de un azul aún mucho más profundo que el del cielo.” Olalla asevera: “Quisiera que llegaras a entender que todo es uno: la lengua griega… y esta luz, este mar y estas rocas de donde fueron desprendiéndose sus primeras palabras. Así lo veo yo: uno.” Se refiere a “palabras viejas que han salido del mar como la vida…”

Son muchas las palabras nacidas del mar, dice Olalla, “venerables y viejas que podrían llevar el bello sobrenombre de Halosydna, ‘nacida del mar’, como Tetis y Anfítrite, como las Nereidas, como las diosas primigenias de las profundidades.” Olalla olvidó en el décimo capítulo a la hermosa oceánide que contempla y hace suyo el mar, referida por Des Palmes.

 

Un pueblo marino

Para el helenista asturiano el logos es el retrato del alma. “Comprender que los griegos vieron en estas piedras acumuladas en la orilla la imagen de una humanidad es comprender el alma de este pueblo marino.” Describe a los pobladores del Egeo: “traídos y llevados por el mar, pulidos por las olas, brillando al sol, rumoreando, todos iguales y todos diferentes. Los griegos: ‘pueblo marino’, como decía Sófocles…”

En el capítulo nueve concibe una imagen panorámica que abarca todas las tierras en las que está contenido el Egeo. El octavo incluye a las amapolas que quedan en la isla –exaltadas por la botánica Camille Arroyo en el ensayo “Flores del Egeo”, texto sobre la obra del helenista español– y la “luz rasante del atardecer [que] le reveló el detalle de unos inadvertidos petroglifos…” El capítulo siete implica la soledad en el campo –anhelada por Olalla, Des Palmes y Arroyo– y el tránsito entre la claridad y la noche. Admiran el cielo nocturno: “en el horizonte, ya está asomando Venus, y pronto se verán también las Osas y las Pléyades.” En la sexta parte Olalla imagina la impresión de llegar navegando a la pirámide blanca que emergió, marmórea, del azul del Egeo.

Naves y pensamiento son términos de una comparación no inocente”, escribió Olalla en el capítulo cinco. En la cuarta parte describe el preámbulo de la tormenta: “Ayer, al final de la tarde, el cielo se tornó violeta oscuro y comenzaron a sentirse unos truenos lejanos”, aludidos por Arroyo en “Flores del Egeo”. Rememora que Grecia resultó la continuación de la civilización pelasga. El tercer capítulo contiene “el lecho de las letras”: “fueron grabadas, a veces, sobre piedra, metal y cerámica, y otras veces, las más, sobre madera, piel curtida, barro fresco e incluso hojas de palma. La fragilidad de esos soportes ha sido, sin duda, la razón de su pérdida.” En el segundo dice: “lengua y cultura van unidas…” y compara la lengua del Egeo con un árbol. En el capítulo primero desea “volver a empezar por el mar.” En ese espacio plantea: “Sigamos rastreando destellos…” Y concluye su cuenta regresiva en el capítulo cero: “Ahí está el mar Egeo, esperándote, tan hermoso y brillante como cada verano. El mar ha sido siempre vía de civilización, por eso esta cultura ha sido civilizadora por excelencia.” Para Olalla el mar representa la libertad del lenguaje, la aventura existencial y el eje de la Historia.

 

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