Memorias del Dr. F. M. S. 3/5

Memorias del Dr. Felipe Martínez Soriano 3/5 

Conforme me recuperaba, las actividades en el hogar y en  el campo se ampliaron: con el corte de alfalfa y zacate en las mañanas, sin importar lluvias y el frío; cuidar una vaquita, el becerro, dos-tres burros, un yegua y sembradíos, que los perros no comieran los elotes, para ello, utilizaba ondas y tirarles piedras con la mano izquierda Por las tardes desgranaba maíz ayudado del “burro” un banco de olotes, sujeto  con mecates. 

Entonces el maíz el fríjol, alberja y haba era medidos con el almud, el medio y el cuarto; la arroba, la onza, el quintal, la fanega y contado en zapoteco “el gallo” igual a tres centavos, el real, el medio real, aunque no  entendía el zapoteco. 

La cosecha se acarreaba en canastos de carrizo y en la espalda con mecapal en pecho o en la cabeza, llevarlo hasta la carreta y en varias ocasiones sufrí caídas sin mayores problemas y cuando no era eso, entonces a levantar la milpa,  desyerbarla y  arrimarle más tierra. También sembrar  trigo era bonito y admirar el Valle de Etla, de color verde esmeralda. En Semana se cultivaban plantas y cereales como el trigo porque en  Semana Santa, las gentes llevaban macetas a la iglesia y  los niños  hacíamos con el tallo verde de la plana caracoles y peines para venderlos en el Quinto Viernes en Etla. 

El trigo seco se trillaba con garrotes, burros o caballos, en lugares conocidos como eras, luego se limpiaba con palas  contra el viento. En esos años existían muchos panaderos en la comunidad y quise aprender el oficio con los señores Ezequiel Ventura, un  bohemio que cantaba con su guitarra y decía versos o con los señores. Bartolo Cruz,  Manuel “Malàn” y Marcos López Sosa, jugador de pelota mixteca y con fuerzas en las manos para apostar a las “venciditas”. 

Como mi vida era el campo y aparte de los relatos anteriores, veía que en la Semana Santa, eran las peregrinaciones al Señor de las Peñas, en Reyes, Etla, un montículo conocido como “El Mogote”,  ruta  de Monte Alban y como no asistía a ellas, me mandaban a cazar chapulines en calabazo largo, de boca estrecha y base amplia, “bule”, los atrapaba en  milpas, en la alfalfa, en el zacate y cazaguate, ya en casa los depositan en agua hirviendo para limpiarlos, luego freírlos y agregarles limón para  buen sabor. 

Antes de seguir con el relato, siento gusto referir que, mi humilde choza era de adobe, techo de teja, un corredor y cocina cercada de carrizo, un patio ocupado en tiempos de cosecha y era agradable observar a las gentes que acudían a desgranar y limpiar trigo maíz y fríjol. Y mi abuela procuraba tener un espacio para sembrar flores y yerbitas de olor; un lugar para los animales y al fondo del patio, un árbol de toronjas, después  se construyó un pequeño  pesebre  Y mis abuelos y padre constaban con buenos vecinos: las tías. Cenobia (Vita), Petra y  Amalia. Pero las cercas de carrizo permitían la comunicación con ellos. Y  al oriente se colindaba con terreros de la señora Salomé y sus hijos Andrés y  Florentino, con el tiempo y dos partes fueron comprados por miss abuelos y padre.   .  

OTRAS INCLEMENCIAS-. Una vez con Ricardo  y Tomas, sufrimos torrencial aguacero que inundó la planicie zauteca, los pequeños arroyos  aumentaron el caudal de agua que lo observábamos como un brazo de mar, imposible de cruzarlo. Pero los animales que pastoreábamos por cañadas del “llutate” y el “Tecolote”, llegaron solos al   pueblo Y nosotros nos fuimos a Mazaltepec y lograr protección y tuvimos suerte, porque llegamos con la Sra. Quirina, amiga de mi abuela y nos ofreció su choza y dormimos en el suelo,  con enaguas y rebozo de la señora, nos dio café caliente, tortillas con queso y frijolitos negros, aunque sufrimos piquetes de pulgas, piojos y chinches.  Conforme me recuperaba, las actividades en el hogar y en  el campo se ampliaron: con el corte de alfalfa y zacate en las mañanas, sin importar lluvias y el frío; cuidar una vaquita, el becerro, dos-tres burros, un yegua y sembradíos, que los perros no comieran los elotes, para ello, utilizaba ondas y tirarles piedras con la mano izquierda Por las tardes desgranaba maíz ayudado del “burro” un banco de olotes, sujeto  con mecates. Entonces el maíz el fríjol, alberja y haba era medidos con el almud, el medio y el cuarto; la arroba, la onza, el quintal, la fanega y contado en zapoteco “el gallo” igual a tres centavos, el real, el medio real, aunque no  entendía el zapoteco. La cosecha se acarreaba en canastos de carrizo y en la espalda con mecapal en pecho o en la cabeza, llevarlo hasta la carreta y en varias ocasiones sufrí caídas sin mayores problemas y cuando no era eso, entonces a levantar la milpa,  desyerbarla y  arrimarle más tierra. También sembrar  trigo era bonito y admirar el Valle de Etla, de color verde esmeralda. En Semana se cultivaban plantas y cereales como el trigo porque en  Semana Santa, las gentes llevaban macetas a la iglesia y  los niños  hacíamos con el tallo verde de la plana caracoles y peines para venderlos en el Quinto Viernes en Etla. El trigo seco se trillaba con garrotes, burros o caballos, en lugares conocidos como eras, luego se limpiaba con palas  contra el viento. En esos años existían muchos panaderos en la comunidad y quise aprender el oficio con los señores Ezequiel Ventura, un  bohemio que cantaba con su guitarra y decía versos o con los señores. Bartolo Cruz,  Manuel “Malàn” y Marcos López Sosa, jugador de pelota mixteca y con fuerzas en las manos para apostar a las “venciditas”. Como mi vida era el campo y aparte de los relatos anteriores, veía que en la Semana Santa, eran las peregrinaciones al Señor de las Peñas, en Reyes, Etla, un montículo conocido como “El Mogote”,  ruta  de Monte Alban y como no asistía a ellas, me mandaban a cazar chapulines en calabazo largo, de boca estrecha y base amplia, “bule”, los atrapaba en  milpas, en la alfalfa, en el zacate y cazaguate, ya en casa los depositan en agua hirviendo para limpiarlos, luego freírlos y agregarles limón para  buen sabor. Antes de seguir con el relato, siento gusto referir que, mi humilde choza era de adobe, techo de teja, un corredor y cocina cercada de carrizo, un patio ocupado en tiempos de cosecha y era agradable observar a las gentes que acudían a desgranar y limpiar trigo maíz y fríjol. Y mi abuela procuraba tener un espacio para sembrar flores y yerbitas de olor; un lugar para los animales y al fondo del patio, un árbol de toronjas, después  se construyó un pequeño  pesebre  Y mis abuelos y padre constaban con buenos vecinos: las tías. Cenobia (Vita), Petra y  Amalia. Pero las cercas de carrizo permitían la comunicación con ellos. Y  al oriente se colindaba con terreros de la señora Salomé y sus hijos Andrés y  Florentino, con el tiempo y dos partes fueron comprados por miss abuelos y padre.   .  OTRAS INCLEMENCIAS-. Una vez con Ricardo  y Tomas, sufrimos torrencial aguacero que inundó la planicie zauteca, los pequeños arroyos  aumentaron el caudal de agua que lo observábamos como un brazo de mar, imposible de cruzarlo. Pero los animales que pastoreábamos por cañadas del “llutate” y el “Tecolote”, llegaron solos al   pueblo Y nosotros nos fuimos a Mazaltepec y lograr protección y tuvimos suerte, porque llegamos con la Sra. Quirina, amiga de mi abuela y nos ofreció su choza y dormimos en el suelo,  con enaguas y rebozo de la señora, nos dio café caliente, tortillas con queso y frijolitos negros, aunque sufrimos piquetes de pulgas, piojos y chinches. 

 

Memorias del Dr. Felipe Martínez Soriano 2/5

Memorias del Dr. Felipe Martínez Soriano 2/5 

INCIDENTES. 

Tenía ya 7 años de edad e inquieto, una vez mi abuelo y padre acarreaban piedras en carreta,  al llegar a casa las bajaban con dificultad y dijeron  me colgara de la pértiga  para facilitar el descenso de las piedras, pero les fue imposible avisarme a tiempo y la clavija de la pértiga cayó con fuerza sobre mi cabeza, perdí el conocimiento por varias horas, lo recobré en la madrugada del  otro día. Mi cabeza tenía un gran chipote y  envuelta en trapos con grasa y hierbas. Mientras la gente  observaba el volver en si o el “despertar” y como eso se tardaba, esperaban el velorio, que no  sucedió, la muerte no llegó. 

           

Una segunda ocasión, cuando mi padre regresaba de Etla, montado en su  yegua, acudí contento a encontrarlo, porque siempre traía algún dulce: hojaldritos, “nenguanitos, mamones, rosquitas”.Y sin precaución pasé por las patas traseras del animal y me dio tremenda patada en la ingle que me privó del conocimiento por un  rato y sin mayores problemas.

 

       

   Después, entrada la noche, mi abuela ordenó buscar a  los guajolotes y los  encontré en  terrenos de  tía Hilaria, empecé a arrearlos, sin darme cuenta de un perro, que silenciosamente me seguía y tenía la costumbre de morder a “escondidas” y me mordió en una pierna, causando fuerte dolor y sangrado, asustándose la abuela. La mordida “curó” con remedios caseros y la cicatriz es notable todavía. Luego un piquete de alacrán en el pene, cuando dormía en el petate igual de garrapatas. Y me salvé de ser mordido por coralillo cuando cortaba alfalfa.Edad en que, pude darme cuenta del temblor que sacudió la casa que estuvo en peligro de caerse; del llanto de las gentes, el triste toque de las campanas de la iglesia; de los rezos; del olor a palma bendita quemada; de los ruegos a Dios y a la Virgen de la Soledad, por compasión y piedad. En el pueblo no hubo desgracias, en la ciudad de Oaxaca sì, porque se cayeron casas y hubo muertes.

 

Memorias del Dr. Felipe Martínez Soriano 1/5

MEMORIAS  DE  FELIPE   MARTÌNEZ  SORIANO

  

CAPITULO  I  

La inquietud  por escribirla comienza invocando el pensamiento de la insigne escritora Elena Garro, que dice: “Los recuerdos del porvenir” Yo solo soy memoria y la memoria que de mí se tenga. Y como la memoria contiene todos los tiempos y su orden es imprevisible…La memoria me devuelve intactos aquellos días…”Porque recodar es lo vivido con anhelos, pasión y esperanzas, es decir, con la llamada memoria retrógrada y que “Solo una vida que se vive para los demás, merece la pena vivirla” A. Einstein.  

Nací el 5 de febrero de 1927, en choza humilde indígena campesina y zapoteca de San Andrés Zautla, Etla, Oaxaca. Diez años después del Movimiento Social  de l9l7, pueblo situado a 11 km. del distrito y a 27 de la ciudad de Oaxaca; para llegar a él se pasa el Puente “El Milagro”, del río Atoyac, ahora sin agua: después Agencias de San Isidro y alemán, luego se divisan al occidente unos montículos y son continuidad de Monte Albán. Está asentado en un suelo irregular con pequeñas barrancas y arroyos y a su alrededor y al noroccidente una cadena montañosa que la hace  singular. 

Mis padres fueron, Francisco Martínez y Tomasa Soriano Ruiz, se dedicaban a la agricultura  tradicional usando el: pico,  la coa, y la  pala,   para sembrar maíz y fríjol en el temporal y carecían de terrenos fértiles. Acarreaban la cosecha  en carretas jaladas por yunta de bueyes, en burros y caballos, igual para la venta de leña y  carbón  a Etla y Oaxaca. 

El pueblo no tenía luz eléctrica, se alumbraba con ocote, velas o “brujitas” de petróleo; tampoco contaba con agua potable y esta se obtenía  de los pozos situados a flor de tierra en la periferia del pueblo. Los niños la  acarreábamos con latas sostenidos con un garrote grueso y resistente colocada en hombros y las mujeres en cántaros sostenidos con  rebozo hecho rodete en la cabeza. 

Fue la época del Movimiento Cristero (l926-l929),  cuando el país sufrió  crisis económica, también política y social. Porque los sacerdotes católicos sufrieron persecución política y los bautizos eran a escondidas y  se registraron  temblores que produjeron miedo a la población y  algunas personas emigraron a otros lugares, caminando por terracería, veredas pobladas de hierbas y arbustos, en burros,  carretas, caballos, veces por ferrocarril.     

PRIMEROS CINCO  Y  SIETE AÑOS DE VIDA           

Quedé huérfano a los seis meses de edad, mi madre falleció sin saberse de qué enfermedad, sólo algunas gentes decían que fue por el polvo del maíz que le produjo la muerte y decían que era de cara afiladita, trabajadora y amable, pero no  tengo mayor información de ella, por eso en un tiempo busqué a personas para que me digan algo sobre ella, pues tampoco tengo alguna fotografía. Entonces necesito en lo posible. Que alguien haga un retrato hablado de ella, tomando como muestra a un familiar “parecido”. 

A los siete años conocí a mi abuela materna, Bibiana Ruiz,  “Maribin”, de tez blanca, menudita y trabajadora, sacrificaba chivos para exquisita barbacoa. No conocí a mi abuelo Zeferino Soriano, sì al señor León Ruiz, tío abuelo que una vez que trabajaba la tierra por el río, me vio cabezón y dijo  que, si lograría vivir  “sería un gran hombre”. Pero entones me llamaban por Gabino, en recuerdo a otro tío abuelo, así me nombró  la  gente por mucho tiempo. 

Fui bautizado como Felipe de Jesús,  lo supe al ingresar a la escuela y  en mi acta de nacimiento estoy como hijo natural de Francisco Martínez, sin  el nombre de mi madre, pues ella estaba en “cuarentena”, es decir, las parturientas no podían salir antes de cumplir ese tiempo y después de un baño de temascal, al que yo fui cuando tenía ocho años  para que “la maldad se saliera”. 

De mi orfandad, se encargó mi abuela  Catarina,  conocida como “Tía Cata”, de pelo largo, negro y ensortijado; morena, simpática y enérgica, Que para alimentarme, recurría con señoras con hijos amamantando  y  de la misma edad que la mía, para “robarles” un poco de leche. Entre ellas estaba la tía Amalia, a quien  la llamaba mamá “malla” y su hija,  Cristina,  me cargaba en su rebozo y  cuando lloraba  la llamaba, “Tina”  quiero… 

Pero algunas se negaban y tenían razón en cuidar la alimentación de sus hijos. En ese tiempo se vivía mal y no se acostumbraba la alimentación complementaria o ablactaciòn como se dice en términos pediátricos. Y fueron   causas de la  grave desnutrición que sufrí en eso primeros años de vida. Mal social que ahora se conoce como niño “araña” y con cara de viejito o  hinchado como  en Biafra. 

Por eso tenía baja estatura, estaba cabezón,  con barriga voluminosa y lustrosa, pies delgados como  una “araña”, y llamaba la atención de la gente, por tener lombrices, redondas (áscaris) y planas (solitarias), también amibas   y  me veían en un estado  de indiferencia y  de tristeza, la “tiricia” se dice en los pueblos. Curarse  resultaba imposible por no haber recursos económicos y médicos. 

Entonces  se recurría a la hechicería, brujería y los primeros me hicieron “limpias” con huevos de gallina negra, usando ropas íntimas de hombre o mujer, acompañados de cánticos en zapoteco para “ahuyentar” al demonio, al dios del mal, al “chaneque” o  al “tono”  una  segunda persona, o el nagual (náhuatl) representado  por un coyote grande. 

Lo brujos, eran y siguen siendo algo místico, no se les veía, ni se quería saber de ellos, porque infundían temor  a los niños, incluso, a los adultos. Pues si a una persona se le ubicaba como tal, había que tenerle “cuidado”  y muchas veces se le apedreaba. Los curanderos, usaban  ceniza, grasa de tlacuache o manteca de cerdo que untaban en la  barriga que brillaba y parecía reventar de lombrices. También tomar raíces o cáscaras de plantas, hojas, semillas de calabaza y toronja; epazote en empanadas y semillas de calabaza preparadas en  horchata..

Para el dolor de barriga  raíces los “tres pies”, el “cuancuco”  es un camote que sirve para infusiones amargas o la hierba  del “susto” y la “pegajosa” . Entre ellos estaba la Sra. Trinidad, persona  gorda, que  la decían “La Cosota” y el Sr. Isidoro, un  “tata” que infundía respeto. El untaba a mi cuerpo  la hierba del “susto” y esperaba el resplandor de agua del apazle (recipiente de barro) que diera a mi pecho. Recorría con un cántaro en las manos o en  hombros por los  rincones de la choza, sonando  la boca del recipiente y cantando “vete animal del demonio, no te lleves a Gabino”, “váyanse animales, “recuanto animal, reguayo, reburro, chaneque, dios del mal”. Y muy de mañana recomendaba llevarme desnudo al rocío de la alfalfa y se me quitara” la tiricia” y así fue dándose la recuperación. 

CONSECUENCIAS. 

 Como desnutrido, era susceptible a espantos y cuentos de terror,  relatadas por la viejecita Virginia Flor, amiga de mi abuela y decía: que en las primeras horas de la noche bajo árboles frondosos, salían” duendes” es decir, diablitos pequeños y traviesos, que “mataban” a cosquillas y los brujos  jugaban con “pelotas de lumbre” en lugares solitarios y la matlacihua o  llorona, era una mujer hermosa, vestida de blanco, de cabellos largos y atractiva para jóvenes enamorados y “noctámbulos”  

 También burros y perros negros que se atravesaban en  caminos en noches oscuras,  un  gato negro o el búho que cuando cantaba de noche, era señal de la muerte del indio, que la lechuza con su canto simulaba el corte de la mortaja del difunto, incluso  aullidos de coyote nagual, señal de maldad y eso  estremecía de miedo. 

Eso hacía que me  orinara por las noches en el petate y ropa, así me enviaban a la doctrina o a la escuela, siendo objeto de burlas que afectó mi estado de ánimo y la gente decía que la muerte me esperaba,  porque lo anunciaba el  búho y la lechuza. Sin embargo, no llegó y menos cuando tenía siete años 

Al empezar a recuperarme empecé a salir a la calle y meterme a casas vecinas y la gente se sorprendía por encontrarme vivo, aunque deforme, cabezón, barrigón y callado,  pero orientado en tiempo y en espacio, aunque la gente se riera y burlara de mi figura. Después por calles lejanas y sentarme en el pretil de la vieja tienda del Don “Goyo”  Velásquez, que era mi padrino y me regalaba dulces. 

Después me convertí en un andalòn y me metía a muchos domicilios, donde a veces me daban de comer, Entonces mi abuela optó por amarrarme un listón en la garganta del pie para que no “perdiera”. Pero como no pronunciaba la  r y la s, la gente me llamaba, sonso, feo y me apedreaban e Insultaban y empecé a contestarle a niños y a las gentes grandes con groserías  porque me decían “zurdo contra dios”. 

Mi abuela, era de “pocas pulgas” decían en el pueblo, empezó a darme trabajos, cuidar guajolotes en la ribera del río, dar de comer a los pollos y vigilar que los gavilanes no se los  devoraran y era acompañado por Inés y Joaquina,  veces por otra persona. Pero una vez se comieron la masa y los corretee  con un cuchillo en las patas, sin decirle nada a la abuela, que al darse cuenta el porqué los animales se picoteaban las patas.  ¡Exclamó!, ¿Quien sería el malvado que les pegó feo a mis animales?. Yo  guardé silencio. 

 Pero logré observar lo hermoso del campo, el canto de los gorrioncillos: de cuitlas, chogones, cenzontles,  al diminuto colibrí; de águilas, zopilotes, cuervos, quebranta-huesos, del correcaminos, el pájaro carpintero, los gavilanes,  liebres y venados. Caminar por lugares poblados de sauces, guayabales, carrizos y palo de “águila”, cañaverales,  mangales, milpas, alfalfares, plantíos de chícharos y habas. 

En ese andar bullicioso o callados, veíamos a las gentes de Santo Tomás Mazaltepec, con sus vestidos tradicionales, hombres con camisa y calzones de manta blanca,  mujeres con blusas amplias bordadas con hilos de diferentes colores, enaguas amplias sostenidas por cinturón de palma llamado sollate o por un ceñidor rojo y cubierta sus cabezas por un reboso en forma de turbante. 

Igual a las de Santa. Ma. Peñoles y Estetla, de la montaña, con  ropas ennegrecidas  por el uso y por el tiempo, piel marginada y marchita,  sombreros de palma o de lana, con  machetes y redes en que traían chiles y tortillas duras; arreando sus burritos cargados de carbón que vendían por pueblos aledaños. Los  de Sto. Domingo Nuxaa, San Andrés Nuxiño de la Mixteca Alta, quines descendían de agrestes montañas, de áspera  piel tiznada por el humo del carbón y  rostros tostados por el sol. 

A los de Mazaltepec, les decían “maxucos” y  de otros pueblos, mixtecos, victimas de la pobreza y sus niños se dormían a orillas de la barranca frente a la presidencia municipal o en el corredor de la  tienda del Sr.  Goyo y  les daban  probadas de aguardiente o mezcal para que se durmieran y no pidieran de comer y dejaran de llorar por hambre. 

Entre otras cosas jugaba y construía casitas de arena a orillas del río, carretitas con tallos secos de milpas y  coima frutas verdes: mangos, guayabas con mis amigos y en casa acarreaba agua, barría el corredor y el patio y regaba las plantas. 

Visitaba en las tardes a los tíos abuelos que hacían carretas toscas de madera, el tío más joven, Pedro, tocaba la guitarra con otros jóvenes: Rubén García, Joaquín Jiménez y Juan Soriano, cantaban  Olor a Piña Madura. El más joven falleció dicen que de “tisis”, otro emigró a Córdoba, Veracruz y se hizo magnífico reparador de guitarras y el tercero fue militar, falleció en el pueblo,  el ultimó  vive  y es progresista. 

Felicidades a Don Samuel Ruiz García

 

Al Exmo. Señor Don Samuel Ruiz García
 
 

J Tatik
 
 

Al Obispo de los pobres
 
 

En sus 85 años de su nacimiento y en sus 50 años de Pastor
 
 

A Nuestro Obispo Samuel
 
 

Larga Vida
 
 

Y después la luz eterna
 
 
 

José Félix Zavala
 

Con toda la solidaridad y amor de que soy capaz
 
 
 
 

Habrá llanto de sobra para el hombre
y agua amarga
para las dunas calcinadas…
salitre para todos,
mañana
¡para todos el mar!
El mar solo otra vez, como al principio,
y el hombre solo, al fin, con su conciencia.
¡Para todos el mar!
y el hombre solo, solo,
sin tribu,
sin obispo
y sin espada.
Cada hombre solo, solo,
sin Historia y sin grito,
con el grito partido
y las escalas y las sondas rotas.
Cada hombre solo. Yo solo

León Felipe

Releer a Julio Torri

Las profundas simplicidades

de Julio Torri

Raúl Olvera Mijares

El tiempo, que todo lo cambia, no parece haber hecho mella en la compacta y curiosa obra de Julio Torri Maynes (1899-1970). El escaso número de lectores que tuvo en su momento la obra no ha aumentado, ni para bien ni para mal, con los avatares de las épocas y la imposición de diversos gustos literarios. Torri, en cierto modo, siempre estuvo muy adelante o muy atrás de sus días. Miembro del Ateneo de la Juventud , no compartió la gloria que habrían de conocer otros de sus representantes como Alfonso Reyes, Pedro Enríquez Ureña, Antonio Caso o José Vasconcelos.

Torri, casi la versión mexicana de Immanuel Kant, dejó rara vez los confines del Valle de Anáhuac, donde no vio la luz del mundo, por cierto. Vástago de inmigrantes italianos establecidos en Torreón, Julio Torri nació en Saltillo, donde aprendería sus primeras letras hasta emprender el traslado a la capital donde absolvió estudios jurídicos. Realizó varios viajes, una vez consolidada su carrera como maestro de la Universidad Nacional y preparatorias para señoritas, con destino a Europa, Sudamérica y Estados Unidos.

De una obra de creación exigua, que apenas rebasa el centenar de páginas, más otras tantas dedicadas a la literatura española, las reflexiones sobre libros y cartas, Torri es uno de los autores más reconcentrados y enjundiosos de la lengua española. Cultivador del poema en prosa, el ensayo corto, el epigrama y la estampa, es el maestro de la prosa breve. Sin él la obra de autores tan egregios como Juan José Arreola o Augusto Monterroso no habría sido posible.

Sus Ensayos y poemas datan de 1917, De fusilamientos, de 1940, y sus Tres libros, con la valiosa adición de Prosas dispersas, de 1964. Obra breve pero profunda la de Julio Torri, que exige un lector avezado en los clásicos españoles, los representantes franceses del poema en prosa y los cultivadores ingleses del ensayo como un Charles Lamb, por ejemplo. Fruto de un espíritu ya maduro a los treinta años –Torri fue siempre viejo–, su prosa conoce la sutileza del castellano antiguo, a la manera de Azorín, y la penetración en momentos de un Schopenhauer o un Lichtenberg.

La gravedad y el tono solemne son sólo el telón de fondo del pensamiento de Torri, que acostumbraba engalanarse con los colores vivos de nuestro pueblo, en la vena de la pintura de un Chucho Reyes. “ La melancolía es el color complementario de la ironía”, escribió. En efecto, el mucho pensar, la contemplación de amplias perspectivas, conduce sin defecto a la tristeza. Julio Torri fue un filósofo de la vida y un consumado estilista del idioma.

Mil veces preferible la ironía, incluso la tristeza, a la melosa y ramplona manipulación que ejerce el sentimiento. Julio Torri fue un autor que apeló a la inteligencia, la sutileza de espíritu, el humorismo fino. En el pasado unos cuantos apreciaron el valor de su obra. Más tarde Torri adquirió tufo de santidad, convirtiéndose en un escritor para escritores. Hoy día el desprecio general por la buena prosa –¿quién lee aún a los clásicos?–, el desdén por el hálito poético y la evocación de épocas pretéritas, dan cuenta del olvido en que se halla Torri, si no total es gracias a las escuelas. Aunque eso no impide que se erijan plazas públicas en su nombre, se bauticen calles y hasta se apadrinen concursos –aunque no de textos breves, por cierto.

El futuro, sin embargo, pinta bien para este autor saltillense, el único de exquisito genio nacido hasta ahora por esos lares, pues desde hace años estudiosos de expresión francesa e inglesa se han interesado en su obra y promovido sus traducciones –ojalá mejores, menos puntuales acaso, que las del portugués que nos legara el maestro en su articulito sobre Machado de Assis. Es indudable que resulta complejo conservar intacto el casticismo de su obra, aunque mucho de conceptual hay en ella que resiste mejor el trasvase a otras lenguas, particularmente el francés. ¿Qué serían Torri, Arreola y Monterroso sin Baudelaire, Valéry, Henri Michaud y Marcel Schwob?

La soledad, la ingratitud, la incomprensión, las falsificaciones estéticas, la hipocresía ética y las tergiversaciones lógicas son algunos de los temas de Torri, un espíritu raro, incólume, insobornable. Un provinciano que en pleno Centro Histórico se apertrechó en los modestos cuartos de una vecindad de la capital, su torre de marfil, el Parnaso desde donde lanzó al mundo, de entre los valiosos y raros volúmenes de su biblioteca, el petardo expresivo y efímero de su pensamiento, mexicano y universal a la vez.

Siempre al margen del triunfo de sus amigos, hijos de familias acomodadas, hábiles aduladores u oficiosos del político en turno, Torri prefirió dedicarse en privado a sus pequeños placeres –contemplar las piernas de sus alumnas, seducir “ norteamericanas que dejan acariciar sus cuerpos como si fueran ajenos” y, en sus últimos años, meter a su cuarto a cuanta criadita se topaba. Algo remiso de los deberes de la pluma, codicioso en secreto de la celebridad ajena, aunque panegirista en público de sus valedores –la única prolijidad que conoció su pluma–, lector compulsivo y comprador de libros, Julio Torri fue uno de los grandes cuentistas, ensayistas y tratadistas de la literatura de todos los tiempos, autor de filigranas, de dibujo enrevesado y vibrante, que dicen tanto con tan poco.

 

“La entrada de la cera y las velas”

“Por los Rincones de México”

Emilio Gandarilla Avilés

OEM-Informex

Una de las costumbres que se quedaron en nuestros pueblos y comunidades, como herencia de la conquista española, fue la celebración de los ritos y ceremonias religiosas donde se utilizan ceras o velas especiales para cada ocasión.

Las velas se empezaron a elaborar con grasas animales o cera extraída de los panales de las abejas, después se empleó una sustancia llamada estearina, que es un componente del petróleo crudo, y todas fueron utilizadas para la iluminación de los hogares y otros sitios.

Cuando son empleadas en las ceremonias religiosas, las velas tienen características especiales en su forma. En cada rito son diferentes entre sí, tienen diferentes adornos y colores las que se utilizan para los bautizos, las primeras comuniones, los matrimonios, los velorios, las peregrinaciones y en los festejos de las mayordomías de los santos patrones de las poblaciones o iglesias y otras ceremonias.

Los fabricantes de estas pequeñas obras de arte por lo regular son personas de origen indígena, que como herencia familiar, tienen los conocimientos para elaborar las velas ceremoniales logrando que sus productos llamen la atención por lo elegante y delicado de sus adornos y por los colores con que contrastan sus figuras, ya que siempre están tratando de que sus productos sean singulares y distinguidos, de acuerdo con la ceremonia en la que se utilicen.

Ultimamente, haciéndoles justicia a estos artesanos que elaboran tan pequeñas de obras de arte, se han efectuado exposiciones presentando las velas que se utilizan en algunas ceremonias, para que sea admirado este trabajo artístico durante muchos años ignorado.

En este artículo presentamos algunas de estas obras del arte que ha pasado a formar parte de nuestra cultura.

“Libertad de palabra”

Los invitamos a visitar Libertad de Palabra www.libertaddepalabra.com


El desafío de “Zibatá”

El desarrollo habitacional espera la llegada de 150 mil personas en los próximos 25 años, sin embargo, sólo tiene 3 pozos para surtir de agua potable a una tercera parte de esa gente. Los empresarios tienen puestos los ojos en el agua que vendrá a través de Acueducto II.

Rubén Galicia Medina reporta nómina “gorda”

Donde podrían trabajar 4 laboran 10 reveló el alcalde de El Marqués, Rubén Galicia Medina.

Dañan área “verde” en presa Juriquilla

Circulan fotos donde otra vez se percibe el daño al área verde en esa zona. Ambientalistas de Querétaro solicitaron la intervención de la Profepa para evitar el daño que se causa en la cañada de la presa Juriquilla.

Y más…

Los Jornaleros de Guerrero

Tlachinollan y el FDPL denunciarán ante

la CIDH

la

problemática de los jornaleros agrícolas

de Guerrero. 

·  El jueves 5 de noviembre, a las 10:30 estarán en el Alto Tribunal del Sistema interamericano.

·  Invitarán a comisionados que vengan a Guerrero a constatar la problemática.

·  Exigirán al Estado que haga reformas para que proteja los derechos laborales de los jornaleros. 

Tlapa, Guerrero, México a 3 de noviembre del 2009.- Este jueves 5 de noviembre, representantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y la Fundación para el Debido Proceso Legal (FDPL), sostendrán una audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) con sede en Washington D.C., Estados Unidos en donde visibilizarán la escandalosa situación que desde hace cuatro décadas enfrentan los indígenas de Guerrero que se enrolan como jornaleros agrícolas en estados del norte de México. 

La audiencia temática que se titula Derechos humanos de jornaleros indígenas migrantes en Guerrero fue solicitada por Tlachinollan con el apoyo del FDPL (que tiene su sede en Washington, D.C., E.U.) a finales de agosto de este año, ante la insensibilidad y la falta de compromisos de las autoridades para atender la problemática de los jornaleros que está acorazada de racismo y discriminación. 

Ambas organizaciones estarán exponiendo la situación de los jornaleros agrícolas a partir de las  11:30 de la mañana (10:30 hora de México) del jueves 5, dentro del 137 periodo de sesiones de la CIDH que abarca del 28 de octubre al 13 de noviembre. 

Esta audiencia temática sobre jornaleros, es la primera en su tipo que la Comisión otorga a una organización de México para explicar la problemática de un sector que se ha visto obligado a salir de sus comunidades y a enrolarse como jornaleros agrícolas en las agroindustrias del norte del país, a causa del abandono de las autoridades de los tres niveles de gobierno. 

Como organismo civil Tlachinollan celebramos esta audiencia porque a los largo de 15 años, hemos constatado el viacrucis de miles de familias que sufren el exilio y la insensibilidad del Estado mexicano ante el tema de la migración interna que se ha convertido en un problema transversal que vivimos en nuestro país a consecuencia del incontrolable proceso de empobrecimiento al que han sido sometidos, en detrimento de una vida digna. 

Frente a este panorama, durante la audiencia de este jueves, los representantes de Tlachinollan y el FDPL invitarán a los comisionados de la CIDH a que hagan una visita in loco en México con el fin de que constaten esta situación oprobiosa que padecen la población más vulnerable de nuestro estado. 

Se trata de hacer visible lo que nos escandaliza con nuestros connacionales y de obligar a que las autoridades cumplan con los compromisos internacionales de proteger las demandas de la población que padece discriminación, maltrato y explotación por el simple hecho de pertenecer a un pueblo indígena.  

Asimismo se demandará al Gobierno mexicano que haga las reformas correspondientes para proteger los derechos laborales de los jornaleros agrícolas  y que verifique la situación laboral de los trabajadores en las empresas donde se sigue cometiendo actos que denigran a la población indígena que se enrola como jornaleros agrícolas.      NOTA: La audiencia se podrá escuchar en vivo en la página www.cidh.org HORA: 11:30 de la mañana hora de Washington / 10:30 de la mañana tiempo de México