Un poco de historia

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Un poco de historia 

Una de las expresiones del liberalismo que caracterizó al régimen de Porfirio Díaz fue incentivar la competencia, por lo que propiciaba la inmigración de extranjeros que demostraran una forma honesta de vida, con el propósito de que influyeran en los mexicanos para hacerlos más virtuosos.

Dentro de esta política, Díaz alentó el establecimiento de colonias tanto de estadunidenses y canadienses como de europeos, principalmente italianos y franceses, como los famosos barcelonettes, que fundaron los grandes almacenes “modernos” como El Palacio de Hierro, El Puerto de Liverpool, El Correo Francés y El Centro Mercantil.

Así llegó a la capital mexicana el arquitecto Thomas Sinclair Gore, descendiente de irlandeses que habían emigrado a Canadá. Su gusto por la ópera lo llevaba con frecuencia a Nueva York, en donde conoció a Pauline Yngrid Johnson, con quien se casó y vino a México el último decenio del siglo XIX.

Al poco tiempo de su llegada adquirieron un terreno en la que habría de conocerse como la colonia Americana, rebautizada en 1906 como colonia Juárez.

Aquí construyeron los Gore Court Apartments, en un estilo que difería al de las mansiones afrancesadas que estaban de moda en las nuevas colonias como la San Rafael, la Roma y la propia Juárez.

En un sobrio estilo neoclásico, diseñaron un edificio que ofrecía departamentos amueblados para estancias cortas, idea novedosa en la cosmopolita ciudad, que ya contaba con buenos hoteles, especialmente en el Centro.

El nacimiento del siglo inauguraba para México un futuro promisorio; se consideraba que era posible alcanzar una situación semejante a la de países como Francia, Inglaterra y Alemania. Esto animó al matrimonio Gore a remodelar los apartamentos y convertirlo en el hotel Geneve, a partir de 1907.

En un interesante libro que se acaba de publicar por el centenario del hotel, el autor Carlos Martínez Assad, acucioso historiador, realizó una profunda investigación que sacó a la luz una historia relacionada con la vida de la ciudad de toda una época.

Nos comenta, por ejemplo, que precisamente el 20 de noviembre de 1910, fecha propuesta por el Plan de San Luis para iniciar la Revolución, Porfirio Díaz, para demostrar su tranquilidad ante el hecho, fue a comer con su familia al restaurante del hotel, que conserva la copia del cheque que firmó, por la cantidad de 30.25 pesos.

Su pesquisa en los libros de registro da cuenta de una serie de huéspedes notables, entre los que se puede mencionar a Pablo González Casanova, Luis Cabrera, al afamado cantante de ópera Enrico Caruso, a la actriz Virginia Fábregas y existe el registro de Winston Churchill con su esposa, quien por esas fechas se sabe que visitó Estados Unidos, lo que lleva a pensar que el célebre ministro británico aprovechó para darse una escapada y visitar México.

En 1928 están anotadas las estancias de los generales Juan Andreu Almazán y Gonzalo N. Santos, cuya visita a la capital seguramente obedeció a la crisis política que desató el asesinato del general Álvaro Obregón, que se realizó el 17 de julio de ese año. Por las mismas fechas aparece el registro de Malcolm Lowry, autor del afamado libro Bajo el volcán.

Un año más tarde, de Veracruz llegó Antonio Castro Leal, mientras se instalaba en la ciudad para tomar posesión como rector de la Universidad Nacional; al igual que de Michoacán arribó el general Lázaro Cárdenas; de Yucatán, el compositor Guty Cárdenas, y de La Habana, Félix F. Palavicini, fundador del diario El Universal.

En 1934-35, el éxito del hotel llevó a los dueños a realizar una ampliación hacía la calle de Londres, siguiendo el estilo del edificio original, aunque con sus detalles de modernismo que contrastaban con un mobiliario estilo neobarroco.

Posiblemente de esa época data el arreglo colonial californiano que muestra el hotel, en lo que fuera el vestíbulo de la calle de Liverpool.

La nueva construcción se hizo autonóma en términos estructurales y con una cimentación con pilotaje, seguramente para aislarla del hundimiento de más de dos metros que padecía la parte antigua, como el resto del suelo de esa zona de la capital.

El hotel Geneve fue pionero en ofrecer sándwiches, aprovechando que la panadería Ideal comenzaba a ofrecer el pan de caja; en el menú de 1910 los anuncia con mayúsculas y los destaca como la gran novedad.

Durante una época fue famosa la comida que se servía en el hotel; en su época de oro, en el Libro de menú de 1931-1933, incluye una amplía oferta de platillos para dinner y supper.

De eso no quedan más que recuerdos, ya que ahora el restaurante del hotel es un Sanborns, pero vale la pena echarse un cafetín en la parte que da a la calle de Liverpool, que conserva el aire de pérgola jardinada en estilo neobarroco.

 

Angeles González Gamio

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