«La moral del testigo»

Excéntricos y necesarios: La moral del testigo, de Carlos Piera

José María Espinasa –

La Jornada Semanal

Invitación a leer la obra de Carlos Piera (Madrid, 1942), un escritor muy poco conocido en México, cuyos ensayos están escritos en un tono serio y “bien informado, pero sin hacer sentir el peso del conocedor en asuntos muy especializados, lleno de expresiones coloquiales y sentido del humor, dubitativo y muy diverso”.
En los días previos a la cuarentena encontré un libro que lleva el título que encabeza esta nota. Su autor es Carlos Piera, poeta español, del que no había leído nada, salvo el notable prólogo que antecede a Los ojos del día, la antología de poesía de Tomás Segovia que hace ya casi dos décadas publicó Galaxia Gutenberg. Me llamó la atención del título, enormemente sugerente, y que aspiro un día a usar para uno de mis libros de ensayos (aunque en realidad sería ideal para una novela policíaca) y luego pensé en su autor, a quien había apenas encontrado unos minutos en una visita a Tomás Segovia en un hospital de Madrid, creo que por una de sus operaciones de corazón.

Apenas lo recuerdo, pero sí que Segovia me había recomendado la lectura de sus libros, mismos que no había podido encontrar ni en librerías de España ni de México. El prólogo mencionado, sin embargo, no me había permitido siquiera adivinar el tono de este volumen, que estaba allí, escondido en una estantería de la librería El Sótano reclamando mi atención. En el librero: no en la mesa de novedades –la edición es de 2012 y es muy difícil adivinar cuándo, cómo y en qué circunstancias llegó a las librerías mexicanas–, aunque el título le daba una actualidad enorme en tiempos de pandemia. Luego todo fue sorpresa: primero caer en cuenta de su edad; nacido en 1942, se acerca ya a los ochenta años, pues el natural mecanismo de la memoria me hacía recordarlo como lo había visto fugazmente; segundo, la brevedad de su obra ensayística (además de éste, un par más); tercero, los temas que toca, algunos muy abstrusos, como el aporte teórico a la lingüística de Chomsky, y tercero, lo más importante, el tono. Serio y bien informado, pero sin hacer sentir el peso del conocedor en asuntos muy especializados, lleno de expresiones coloquiales y sentido del humor, dubitativo y muy diverso –baste mencionar que la figura más presente a lo largo de los ensayos (eso que ahora se llama transversalidad) es Simone Weil, quien abre el libro y se mantiene presente a todo lo largo de sus páginas. El arco que va de ella a Chomsky es de por sí expresivo.

 

El ensayo como conversación

Las sorpresas también son anecdóticas: con sólidos estudios académicos en diferentes universidades del mundo tiene, por ejemplo, una tesis inédita sobre métrica (a mí gustaría publicársela), asunto del que la mayoría de los poetas contemporáneos no se ocupa. Y también su pertenencia a un grupo de escritores extraños en los años sesenta, hoy definitivamente raros, excéntricos pero necesarios, entre los que se cuentan Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio, así como un –para mí desconocido– personaje, Víctor Sánchez de Zavala. También un par de textos sobre el importante pensador que contribuyó a la riqueza conceptual de la filosofía que acompañó a la transición española, Manuel Sacristán, a quien se conoce poco (pero se conoce) en México. Dicho de otra manera, con la excepción de Weil y Segovia, yo no sólo
desconocía su obra sino en buena medida sobre lo que ella versaba, sus temas y autores.

Volvamos al tono de Carlos Piera. La idea del ensayo como conversación está muy presente, también lo está la puesta en duda de lo que se dice y el escepticismo sobre cómo se dice, que no pocas veces esconde lo que realmente significa, todo ello con un notable rigor conceptual. Sus ensayos son en cierta forma escolios, por eso el título es, además de sugerente, preciso: la moral es una anotación al margen. Su filiación, sin embargo, más que con la ilustración y los moralistas del xviii es con el romanticismo, suponiendo que no sean parte de lo mismo. Pero, como el lector adivinará, dado que prologa a Segovia, Piera es también un poeta. Sus libros en este género son también inencontrables y el precio en Amazon descabellado (si algún hipotético lector mexicano los tiene, ojalá me dejara sacar una fotocopia), pero la web ofrece la posibilidad de conocer algunos de ellos y parece muy bueno. Este extraño escoliasta es, pues, una asignatura pendiente para el lector mexicano.

Un último señalamiento. Piera parece –en La moral del testigo– particularmente dotado para la polémica, pero sufre el problema de tener una pegada tan contundente que hace que la pelea sea muy breve, y los aficionados al box saben que ese tipo de peleadores no funcionan para la taquilla.

Hablando de taquilla: se reflexiona mucho sobre cómo regresará el sector cultural después de la pandemia y la opinión generalizada es que lo hará en quiebra técnica. En el mundo del libro a lo largo de estos cuatro meses (y lo que falte) ha habido muchas estrategias para tratar de rescatar lo perdido, pero, desde mi punto de vista, la mayoría equivocadas: se pide una y otra vez al Estado el rescate de una industria que lleva treinta años haciendo mal las cosas, y no se piensa, en cambio, en corregirlas. Las librerías se dedicaron a bloquear a las nuevas editoriales: no se recibía su material, si se recibía no lo exhibían y si se vendía hacían lo posible por no pagar. Las editoriales grandes, en lugar de ampliar su público, le disputaban a las pequeñas el suyo, quitándole autores, ocupando los pocos espacios de coedición y mezclando políticas de altos precios con campañas de descuento. Una política equivocada, tan arraigada que no admiten que sea errónea, tarde o temprano colapsaría. Vean por ejemplo el asunto de los precios: Mercado Libre vende los títulos casi a un triple de su valor comercial y, como Amazon, apuesta por un comprador obligado (por estudios, por trabajo), no por uno que tenga el gusto de leer. Lo curioso es que otra vez son las microeditoriales las que mantendrán la bibliodiversidad.
Y así, como en este caso con Antonio Machado Libros, sello editorial que publica La moral del testigo, será posible llevarse una deslumbrante sorpresa con el hallazgo.

 

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