Llevamos la mitad del año con miedo, confusión y desolación

Estimados hermanos y hermanas misioneros:

Hoy, después de haber transcurrido la mitad del año en un ambiente de desolación, miedo, confusión, y donde en todo el mundo se ha experimentado una situación de incertidumbre, de impotencia, de angustia y de tan lamentables decesos de vidas humanas, como Obras Misionales Pontificio Episcopales estamos presentes para transmitir a todos nuestros hermanos el mensaje más esperanzador que solamente viene de Cristo, porque Al igual que a los discípulos del Evangelio (Mc 4, 35-41), nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente1.

Ante tal falta de confianza y de entrega, el Señor Jesús nos pregunta: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). La “tormenta” ha dejado al descubierto nuestras inseguridades e inmundicias. Nos hemos dado cuenta que, como humanidad, habíamos puesto nuestra confianza solo en nuestras capacidades.

La oportunidad de recomponer el camino está delante de nosotros, la fe nos da la maravillosa ocasión de responderle a Jesús y manifestar que podemos ser aquel misionero que reconoce la condición actual en la que se encuentran las personas reales, con sus límites, sus pecados, sus debilidades, y se hace
«débil con los débiles» (1 Cor 9, 22)2.

¡Aquí estoy, envíame! Es el lema para el DOMUND 2020, y con estas palabras del profeta Isaías comenzamos este año el camino hacia la Jornada Mundial de las Misiones, a celebrarse el próximo 18 de octubre. El discípulo es aquel que ha sido llamado para escuchar atentamente y aprender del Maestro, para luego ser enviado y comunicar aquello que ha visto y ha experimentado en compañía del Señor: Toda vocación implica un compromiso. El Señor nos llama porque quiere […] que tomemos las riendas de nuestra vida para ponerla al servicio del Evangelio, en los modos concretos y cotidianos que Él nos muestra3.

Pero antes de dar la respuesta, tengamos bien presente la voz Dios para no confundir la misión con nuestros propios intereses, porque vamos en nombre de Él: «¿A quién enviaré?, ¿quién irá de nuestra parte?». Estas preguntas nos recuerdan que es Dios quien nos ha elegido y que nuestra respuesta está en sintonía con la gratuidad del mensaje, porque Toda vocación nace de la mirada amorosa con la que el Señor vino a nuestro encuentro, quizá justo cuando nuestra barca estaba siendo sacudida en medio de la tempestad. «La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor»4.

Así pues, estimados misioneros, que el camino hacia el DOMUND 2020 sea un momento de entrega apasionada, y llenos de alegría por anunciar a nuestros hermanos que Jesús es el Señor, pongámonos todos juntos en estado de misión: Ponerse en “estado de misión” es un efecto del agradecimiento, es la respuesta de quien, en función de su gratitud, se hace dócil al Espíritu Santo y, por tanto, es libre5.

Dispongamos nuestra creatividad y empeño a la difusión del Evangelio en los medios digitales y de comunicación, aprovechando el espacio que nos brinda el mundo del internet y sus redes sociales, ya que, este año, y por la situación presente, el material del DOMUND (catequesis y póster) no se imprimirá, por lo que les pedimos compartan los materiales de forma electrónica para que lleguen a más personas.

Pidamos a Santa María de Guadalupe, madre del verdadero Dios por quien se vive, que interceda por nosotros ante su Hijo, que guíe nuestro pasos y con su amor materno nos impulse a llevar con prontitud paz, serenidad y esperanza a los más desprotegidos y olvidados.

 

Pbro. Antonio de Jesús Mascorro Tristán, MG

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