El corazón leal de López Velarde

El corazón leal de López Velarde

La Jornada Semanal

Son muchos y notables quienes, desde el mismísimo día de su muerte, acaecida el 19 de junio de 1921, han reconocido, ponderado, valorado, exaltado y celebrado la importancia enorme que para las letras mexicanas, y en particular la poesía, ha tenido y tendrá la figura del zacatecano Ramón López Velarde, nacido en Jerez el 15 de junio de 1888
–uno de ellos, Hugo Gutiérrez Vega, lo rebautizó nada menos que como “el padre soltero de la poesía mexicana moderna”. Numerosos, también, quienes han exhibido una enojosa intención de “apropiarse” de quien ha sido considerado poeta nacional: lo mismo Octavio Paz, ese experto en minimizaciones –quien alguna vez sugirió que López Velarde era “un gran poeta menor”–, que otros tan abismalmente separados del espíritu lopezvelardeano como Guillermo Sheridan, por más biografía supuestamente exhaustiva que haya escrito. Pues no: si el asunto fuera de pertenencias, el autor de “La suave patria” y “Novedad de la patria” es propiedad de todos y cada uno de los cientos de miles de lectores que han sido y serán en este primer siglo transcurrido desde su deceso, y eso únicamente en el entendido no de que poseamos al eterno enamorado de Fuensanta, sino que leerlo y hacer nuestro cuando menos un verso suyo son una y la misma cosa, de manera que al final descubrimos que ha sido López Velarde quien ha tomado posesión de nuestro espíritu, y entonces, vueltos uno solo, al hablar entre otras cosas de fatigas vitales e ineptitudes culturales, digamos de nosotros mismos algo como “mi corazón, leal, se amerita en la sombra/ placer, amor, dolor, todo le es ultraje”…

 

 

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