El Pueblo del Señor del Santo Entierro…

 El Pueblo

Del Señor Del Santo Entierro

                                  

Su Historia  

“Oh Señor del Santo EntierroPor tu Cruz, muerte y pasión                                                                                                Al final de este destierro                                                                                               Danos paz de salvación” 

“Es juicio personal del suscrito, que la imagen del Señor del Santo Entierro data de más lejos de las guerras de independencia, por su hechura y por su desgaste que manifiesta en su estructura.  En los libros de la Notaría Parroquial encontré el escrito,  noticias y por eso se que bastante antes de la excomunión del Cura Hidalgo ya se dan noticias del Señor de Santo Entierro.” 

“Que el Señor del Santo Entierro siga siendo el centro religioso de San José”  

“A causa de los cimientos prehispánicos que había en la actual ciudad de San José Iturbide se le dio el nombre primitivo de Casas Viejas” 

“En este lugar existieron al noreste de la ciudad edificios prehispánicos que percuden la preexistencia de una población notable. Esta conjetura no carece de fundamentos, ya que los restos humanos, los utensilios como son las vasijas en forma de pie humano con dedos muy abiertos y figurados en el talón de las hendiduras son comunes en los pies de los antiguos habitantes de esta zona, también las pipas de barro con figuras de aves, las armas de pedernal y otras muchas cosas encontradas cuando se abrieron los cimientos para la población actual”. P. Salvador Medina G. 1952. 

Para 1590 se funda en lo que se conoce como San Luís de la Paz la primera misión jesuita en territorio mesoamericano y abarcó toda la región, incluyendo lo que ahora es San José Iturbide y siendo ellos los fundadores de la Iglesia en esta ciudad y la explotación de minas, ganadería y cría de ganado, en forma muy eficaz.”  

Para 1750 con la secularización de las misiones de la Sierra Gorda a cargo del llamado Conde de La Sierra Gorda, José de Escandón,  y con las autorizaciones del Arzobispo de México Rubio y Salinas y las del Virrey en turno, conde de Revillagigedo se establece en la prehispánica ciudad de Casas Viejas una ayuda de parroquia dependiente de la de Xichú de indios en 1754. 

Las Haciendas de Charcas, El Capulín, San Diego y San Jerónimo, las tres últimas convergiendo en La Venta o Camino Real de la Plata, serán las beneficiadas con esta medida y se dejará la ayuda de parroquia, que 15 años después será parroquia con plenos derechos, bajo la advocación de Señor San José y se comienza la fundación de un templo que sustituirá a los de los jesuitas, ya levantados en la zona como capillas de hacienda y serán, abandonados por ellos en forma definitiva con su expulsión pocos años más tarde.  

Tenemos como ejemplo el de Charcas o el de San José Iturbide, que parecen no tomarse en cuenta y sin embargo son las constancias de las misiones jesuitas en la zona y de la fundación de la Iglesia en el ahora noreste de Guanajuato y forman parte de macizo montañoso que se llama la Sierra Gorda. 

Para la mitad del siglo XVIII, cuando se solicita la Vicaría Fija en Casas Viejas, dependiente de la parroquia de Xichú de Indios, todos los frailes evangelizadores del  siglo XVl, habían pasado por la intención de congregar y reducir a los chichimecas de la Sierra Gorda, sin lograrlo y siempre con la ayuda militar de los españoles y los indios aliados venidos con ellos del Altiplano Central de México. 

Fueron primeramente los Agustinos, por 1522, desde Xilitla, posteriormente los Franciscanos, después los Dominicos en el semidesierto y en la Sierra Gorda, en la parte que ahora corresponde al noreste de Guanajuato, fueron los jesuitas a partir de finales del siglo XVl. 

 

 

La Sierra Gorda se mantuvo en pie de guerra, primero en la guerra frontal como la narra Gonzalo de Las Casas y posteriormente en guerra de guerrillas, que terminará con el exterminio que hacen  José de Escandón y que da fin con la reducción de los pocos jonaces que sobrevivieron y que ahora se encuentran en Chichimecas, cerca de San Luis de La Paz. 

 

 

La Zona arqueológica de Casas Viejas en Atarjea, Guanajuato,  y en el corazón de La Sierra Gorda, nos muestra una ciudad minera prehispánica y junto a ella las minas de mercurio, fuente de ingresos principales y de relación comercial con el Golfo y el Altiplano de México. 

Es por ello que se puede dar la visita pastoral, a la parroquia de Xichú de Indios, ahora llamada Victoria, del Arzobispo de México, a donde pertenecía La Sierra Gorda y en la parte más poblada y alejada de esta, funda una Vicaría Fija, ese lugar es Casas Viejas y cuyo patrono de esa vicaría sería Señor San José, el patrono de la llamada Nueva España. 

El Culto al Señor del Santo Entierro es otra de las posibles pruebas de la preexistencia de una buena y abundante población en Casas Viejas de gente principalmente chichimeca y la conservación de esta a base de tradición oral como era la costumbre científica de las escuelas mesoamericanas y los antecedentes prehispánicos, clásicos para la fundación de templos y reducciones de indios, como lo fueron más tarde las regiones de Jalpan, Concá, Tilaco, Tancoyol y Landa, donde surgieron las llamadas Misiones de La Sierra Gorda y cuya duración no fue más allá de 16 años la más larga. 

Los documentos que nos dan para la construcción de la actual parroquia nos hablan de capillas ya existentes en el lugar y en la región, como lo demuestran los cimientos de la Santa Casa de Loreto o la capilla escondida en La Glorieta, entre otros lugares. La presencia de los jesuitas desde San Luis de La Paz hasta Xichú que ya no era su territorio, sino de los frailes franciscanos 

No es posible la falta de intentos de fundación de templos o capillas desde 1522 con la incursión de Cortés en la Sierra Gorda, o de 1528 con la incursión de Nuño de Guzmán también en la zona o por la apertura de las minas de Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí buscando salida al mar por La Sierra Gorda o por Querétaro y la incursión de los jesuitas y su injerencia en la industria minera desde la mitad del siglo XVl y principalmente desde 1590 en San Luis de La Paz y El Palmar de Vega hoy Pozos 

Es claro según el historiador local Jesé Luis Morelos que la vicaría fija de Casas Viejas no fue donde se encuentra la actual sede parroquial y que la separación y secularización en ese tiempo de las parroquias exigía un templo expreso para el fin del Arzobispo de México. 

El Señor del Santo Entierro es de estatura natural con goznes en los hombros y en el cuello, con venda negra bordada, colchón y almohadas de raso, cojín de raso y seda bordado, sábanas y sobrecama de seda, corona de espinas de plata,  clavos también de plata, cendales de seda y lino, según lo describen y recostado en un colchón dentro de una urna y establecido en el templo de La Santa Casa, que nos indica una tradición más larga que la de 1754.

La Sierra Gorda enclave minero desde la época prehispánica

La Sierra Gorda, Enclave Minero

Prehispánico Desde el Clásico

 

 

 

La Sierra Gorda en su totalidad, está llena de vestigios prehispánicos, tanto de ciudades de mineros, de agricultores, administrativas, cultuales, con sus respectivos juegos de pelota, existen las minas y las bocaminas, campamentos nómadas y pinturas rupestres, desde San Luis de la Paz hasta Zimapán, recorriendo los ahora estados de Guanajuato, Querétaro e Hidalgo, por donde pasa. 

Nos dicen quienes están inmersos en estos estudios, históricos, antropológicos y arqueológicos de la zona, que el auge minero prehispánico de la Sierra Gorda, se da al mismo tiempo que el del ahora Zacatecas y Arizona, y está ligado a las redes de comercio de mesoamérica nuclear. Una muestra es el contenido del museo dedicado a la minería en la población de San Joaquín, Querétaro. En la Sierra Gorda existe una gran tradición de esta actividad minera que viene desde la época prehispánica, hasta nuestros días. 

Es importante conocer la gran riqueza arqueológica de la Sierra Gorda, estudiar los aspectos de la minería prehispánica, con más de 2000 años de trabajarla, describiendo sus materiales, técnicas de explotación y su papel dentro de la economía mesoamericana. 

Es importante conocer los yacimientos de obsidiana, petroglifos, petrograbados, cavernas, pinturas rupestres, sótanos, y la comparación de esqueletos humanos de una y otra parte de la zona donde se han encontrado. 

En toda la Sierra Gorda hay evidencias muy claras de la ocupación prehispánica, caracterizándose estas muestras en los valles, en las cumbres de los montes y en las laderas, todos con motivos e intenciones diferentes, pero muy claros de la cultura serrana y sus relaciones culturales con las zonas de Río Verde, la Huasteca y el Altiplano Central. 

 

 

La Sierra Gorda se distingue en la época prehispánica por sus sistemas constructivos a base de lajas, de roca caliza de grandes dimensiones, los asentamientos son de varios orígenes, minero, estratégicos y limítrofes, por lo que se puede afirmar que es parte integral de mesoamérica. 

Desde la invasión española en el siglo XVI, existen testimonios de cronistas, conquistadores, viajeros, eruditos e investigadores que dan noticia de ello. 

También es sabido que los intentos de conquista, evangelización y reducciones, no son claros en esta región, y terminan con el exterminio de una parte importante de sus habitantes originales. 

Podemos citar a Jerónimo de Labra, y a José de Escandón, en el siglo XVIII, como los últimos militares españoles en hacer esta clase de incursiones en la Sierra Gorda, donde los invasores quisieron abrir un camino, el llamado de La Plata, que fuera tranquilo y saliera fácilmente al mar, y además una zona de explotación minera. 

Estos proyectos nunca fueron resueltos por la oposición presentada por los chichimecas, dándose el Camino de la Plata por San Miguel El Grande, Querétaro, San Juan del Río, La Ciudad de México, Puebla y finalmente Veracruz. 

Los estudios profesionales sobre la historia y arqueología prehispánica en la Sierra gorda, comienzan en 1881, y prosiguen hasta 1930, estableciéndose definitivamente a partir de 1981. 

Durante la etapa del clásico mesoamericano, queda muy claro que la Sierra Gorda, está incluida en todas las actividades civilizatorias, y participa activamente en la historia de ella, sin que esto implique que toda la región serrana haya sido homogénea. 

Esta región está claro que se divide en forma genérica en 3 regiones culturales: La Río Verde, Huasteca y Serrana o Minera, que se volverá esta última una cultura propia y particular de la región y que participará en la formación de la Gran Cultura Madre, como lo fue y es la mesoamericana para el mundo entero. 

Existen en la Sierra Gorda 2 redes fluviales integradas por varias corrientes que se agrupan en 2 conjuntos: 

Uno en la parte este por el Río Moctezuma, donde sus principales afluentes son el Río Tula y el Río San Juan, que del valle atravesarán la Sierra Gorda, a 200 metros sobre el nivel del mar, con paredes de altura arriba de los 1800 metros. El principal afluente de la Sierra Gorda es el Río Extoraz. 

La otra parte del norte de la Sierra que inicia por el Río La Laja, y nace en la parte correspondiente al actual estado de Guanajuato, con afluentes que formarán más adelante el Río Santa María, después se juntará con el Río Ayutla, que se forma por el arroyo de Atarjea, formando el Río Escanela y El Arroyo Grande. Las aportaciones de esta agua por ríos, arroyos, ojos de agua, ríos subterráneos, que terminan fuera de la Sierra Gorda, desembocan en el Golfo de México. 

En las partes de llanura de la Sierra se dio la cría de ganado vacuno, y en las partes semidesérticas, el caprino, los cultivos son generalmente de temporal, dándose a diferentes alturas, árboles frutales como la naranja, el limón, los duraznos, hasta la caña de azúcar. 

Son cientos de asentamientos prehispánicos en la región de la Sierra Gorda que no respetan los límites políticos del actual país, pero que nos dan una región territorial, cultural y minera de grandes proporciones, donde los estudios llevados a cabo, desde reconocimiento en superficie, como pozo estratigráficos y de conservación, nos hablan de la presencia del hombre culto en estos lugares. 

Como ejemplo de estudios preliminares que se han hecho de esta región serrana, podemos citar a Joaquín Meade y a G. Jiménez Moreno, que dan a conocer sitios arqueológicos, como los de Jalpan, Landa, Concá, Tilaco, Tancoyol, y otros, allá por 1940. 

También la magnífica zona llamada actualmente San Rafael, ubicada entre los estado de Querétaro y San Luis Potosí, o la llamada Casas Viejas del municipio de Atarjea, Guanajuato, y ya entonces se referían a jugos de pelota en la zona, a centros ceremoniales, a conjuntos habitacionales, pinturas rupestres, etc. 

En la Sierra Gorda, hay que entender los asentamientos a nivel regional, sus características propias, la relación con las abundantes minas prehispánicas en la zona, y la sincronía y diacronía con los núcleos culturales cercanos.

San José Iturbide es y era parte de La Sierra Gorda

 

San José Iturbide es y era parte de la Sierra Gorda

  

La Sierra Gorda en la Época  Prehispánica

  Es una zona con diversos microclimas, determinados según la altitud y la humedad, con flora y fauna propias, el clima es más seco y caluroso, la lluvia es escasa en los extremos sur, sureste y suroeste, donde las montañas comienzan a elevarse, la vegetación es básicamente de mezquites, huizaches y cáctus, la fauna está formada por roedores, liebres, reptiles e insectos. Existen campamentos de recolectores cazadores, hubo gran explotación de mármol y El Cerro Gordo le da su nombre, las altas montañas que retienen el agua, convierten algunas zonas en tierras húmedas. 

La explotación de los minerales en las cañadas data de épocas prehispánicas, sobre todo el Cinabrio o Granate. Se ha establecido en el año 200 a.C. al 900 d.C. surgen en la Sierra Gorda una época de esplendor y gran desarrollo civilizatorio y los hallazgos de pinturas rupestres en piedras y cuevas hace suponer que desde épocas muy antiguas existen grupos humanos en esta región. 

La explotación de la minería no fue un accidente, sino es debido al conocimiento de la zona alcanzado por los que ahora se llaman despectivamente indios y esta explotación y comercialización de minerales fue el factor más importante de su desarrollo. 

Toluquilla es una de las ciudades más importantes de la Sierra Gorda, está construida en la cima de un cerro de forma irregular y alargada, donde tuvieron primero, sus habitantes, que nivelar el suelo y para ello levantaron grandes muros de contención en los costados del cerro, rellenando de tierras y piedra hasta tener una superficie plana y amplia donde construyeron sus edificios, por lo que es una evidencia de su civilización que llega hasta detalles pequeños y la distribución de sus edificios no fue producto del azar sino de un plan determinado que nos revela una organización compleja. Construyeron 120 edificios. 

En la planeación de la Ciudad, todos los edificios siguieron la forma del cerro, de modo que la ciudad presenta una forma lineal, centro y eje, los 4 juegos de pelota. 

El juego de pelota es una de las construcciones más relevantes y características de toda mesoamérica y se da desde el preclásico hasta la llegada de los españoles. 

Los pobladores de la Sierra Gorda sabían de la existencia de yacimientos de minerales de Mercurio y Almagre, conocían su uso como pigmentos, y sabían que eran muy apreciados fuera de la sierra. Esto los llevó a la fabricación de túneles y galerías subterráneas, dando inicio a la industria minera y sólo con instrumentos de piedra, madera y hueso.

                                                                       Elizabeth Mejía Pérez Campos

Cronología de la construcción del actual templo parroquial

Cronología de La  Construcción del Actual Templo Parroquial,

 en

  

San José Iturbide, en Sierra Gorda

   Antecedentes: 

1.      El que fuera cura párroco en San José Iturbide, Pbro. Domingo Muñiz y el Vicario de esta, el Pbro. Salvador Medina Galván, al igual que la maestra Hermila Montes, promovieron en su momento y apegados a los que fueron los documentos que tuvieron a su alcance, la historia y las tradiciones de esta población. 

Decía el Pbro. Salvador Medina, al igual que lo dijo, el fundador del Archivo de esta población, lo mismo que fue fundador del palacio municipal y uno de los historiadores más reconocidos que “en este lugar existía en la parte noreste, edificios prehispánicos notables y muchos vestigios que se han encontrado en abundancia”. 

Por otro lado es bien sabido, la resistencia que en todo el macizo montañoso llamado La Sierra Gorda y que se desprende de la Sierra Madre Oriental, se dio una resistencia por parte de sus legítimos dueños a los invasores españoles por 250 años hasta que por encargo del Virrey en turno se exterminó a los jonaces, la etnia más feroz de las que residían en esta región, y el responsable de ejercer este cruento encargo fue el etnocida José de Escandón, Conde de la Sierra Gorda,  a mitad del siglo XVII. 

Durante esta época el Arzobispo de la Ciudad de México, Manuel Rubio y Salinas, se jactaba dentro del proceso de secularización de las doctrinas de los regulares de haber quitado y secularizado parroquias que pertenecían a la obra de los frailes franciscanos, dominicos y agustinos. 

Dentro de este proceso de secularización y de exterminio, pudo entrar, aparte de la parroquia franciscana de Xichú de Indios, hoy llamada Victoria, el mencionado Arzobispo, y teniendo ya la posibilidad de visitar este territorio lo intentó realizando una visita canónica a San Juan del Río,

Querétaro y Xichú de Indios, esta última no la recorrió hasta la cede parroquial, sino que sólo estuvo en lo que hoy conocemos por San José Iturbide y Dr. Mora, antes Casas Viejas y El Agostadero de Charcas. 

Desde 1594, los jesuitas tuvieron como primera misión la parte de la Sierra Gorda que hoy conocemos como San Luis de la Paz, a cargo al principio del Padre Gonzalo Tapia, pero su trabajo se extendió a una región más amplia que abarcó el Curato Parroquial de Pozos, donde tuvieron una mina muy productiva, llamada de Santa Brígida y en lo que es Dr. Mora , una Hacienda llamada El Agostadero de Charcas, a solo 12 km del actual San José Iturbide, y donde se encuentra una capilla construida bajo su mandato, y que estos, entre otros muchos documentos pasan a demostrarnos que son ellos los fundadores de la iglesia católica en esta zona. 

Dentro de la visita parroquial del Arzobispo Manuel Rubio Salinas, a parte de la Parroquia de Xichú de Indios, en 1753, propuso al Marqués de Revillagigedo, la creación de una ayuda de parroquia o vicaría fija con la que les quitaría también la influencia a los jesuitas en la zona y aliviaría la carga de la parroquia a la que pertenecía esta región, que por otro lado se encuentra en el llamado Camino de la Plata, y el lugar de Casas Viejas donde se establecería, se encuentra en la falda occidental de La Loma del Pájaro y donde es evidente que existió una presencia prehispánica y una civilización sofisticada y desde luego muy anterior a la llegada de los españoles a estas regiones. 

Se expidió el decreto para erigirse vicaría fija a San José Casas Viejas ubicado en el mayorazgo de Luis María Luyano y Aguirre un 18 de julio 1753, abarcando las Haciendas del Agostadero de Charcas, San Diego, San Jerónimo, El Capulín y la convergencia de estas 3 últimas, parada obligatoria de las carretas dentro del Camino de la Plata, llamada La Venta de la Negra. 

2.      El cura que lo había sido del Real de Xichú hasta el momento de la secularización de la Parroquia de  Xichú de indios, José María Rodríguez, tomó posesión del predio el 5 de Febrero de 1754. 

La construcción del Templo de la nueva vicaría fija, se puso bajo la advocación de San José, patrono de la llamada Nueva España, por los europeos y ahora reconocida como mesoamérica y civilización original. 

El apoderado de la hacienda del Capulín, para entonces era José Aguilar, y el primer vicario fijo lo fue el Br. Diego de Izeta, quien el 5 de Febrero de 1576 tomó posesión del cargo y duró en él hasta el 8 de Mayo de 1759 y posteriormente estuvo a cargo de tres distintos tenientes de cura, hasta la llegada del nuevo vicario quien sería también el primer cura de esta nueva parroquia, el Br. Antonio Secundino Pérez. 

Para 1770 el Arzobispo de México Fco. Lorenzana Buitrón, elevó a la categoría de parroquia la vicaría fija de San  José Casas Viejas, por decreto del 15 de Julio de 1770, siendo su primer cura el Br. Antonio Secundino Pérez, quien tomó posesión el 26 de Septiembre de ese mismo año y duró en el cargo hasta el 24 de Septiembre de 1780. 

Casas Viejas está en lo que era un cerrado bosque, donde existieron campamentos de chichimecos, que ejercieron la cultura nómada y la minería en la Sierra Gorda y que fueron totalmente minimizados al inicio de la guerra de independencia, cuando huyeron de Casas Viejas hacia Querétaro los españoles radicados en este lugar mientras la población era destruida. 

Por otra parte el Pbro. Salvador Medina Galván, señala que la devoción al Señor del santo Entierro es anterior a la Guerra de independencia, por lo que la cree una devoción muy antigua, y pudiera remontarse a la evangelización jesuita, da como referencia los datos vistos en el Libro de Providencias, que se encuentra en el Archivo Parroquial de San José Iturbide. 

Cronología: 

“diez años después, cuando se concluye gracias al celo del Br. Ignacio de Borja, quien fungió como Vicario de Casas Viejas entre 1763 y 1765. El Br. Manuel Vallinas, cura interino de Xichú al realizar una visita y constatar los avances de la iglesia señala: He visto un jacal de palmas bastante indecente y al poco trecho en el mismo sitio una iglesia mediana, nueva, de cal, piedra y arena, construida por los mecos que han ido de tres misiones…” 

El 28 de Febrero de 1849, llegó como cura y juez eclesiástico a la parroquia de San José Casas Viejas, el Dr. Domingo Rodríguez, durando 25 años al frente de ella, hasta el 1° de Mayo de 1874. 

En Marzo de 1866, 17 años después de su llegada, el cura Domingo Rodríguez convocó a 30 vecinos para manifestarles la necesidad de construir un nuevo templo parroquial, asistiendo también los presbíteros: Cipriano Rodríguez, Pablo María Aguilar y Juan José Plaza. 

De inmediato y previa licencia de La Mitra, se abrieron lo cimientos y una copia del acta levantada fue colocada en la piedra fundamental y firmada tanto por el cura Domingo Rodríguez como por el arquitecto responsable de la obra Rafael Arcaute. 

El 20 de Abril de 1872, 6 años después de la reunión, se bendijo la sacristía y la Capilla del Señor del Santo Entierro, celebrando la primera misa en dicha capilla, el Cura Rodríguez, quien trasladó del antiguo templo a la nueva capilla al Santísimo Sacramento y se dio inicio a la demolición del templo primitivo. 

El antiguo Templo duró 118 años, a partir de su construcción rudimentaria, al fundarse la vicaría fija de Casas Viejas en 1754. 

El 21 de Diciembre de 1873, muere el Pbro. Cipriano Rodríguez, responsable de la construcción del nuevo Templo Parroquial, dejando terminado, tanto la Sacristía como la Capilla del Señor del Santo Entierro y las paredes de la nave del templo, hasta la mitad de la altura que tienen actualmente, habían pasado solamente 7 años. Es sustituido por el P. Juan José Plaza. 

Por las letras apostólicas o Bula “Deo Optimo Maximo” del Papa Pío IX, se crea el Obispado de Querétaro el 26 de Febrero de 1863, y los territorios de Xichú, Atarjea, Santa Catarina, Tierra Blanca, Dr. Mora y San José Iturbide son desmembrados de la Arquidiócesis  de México y pasan a ser jurisdicción del nuevo Obispado que será presidido Bernardo Gárate López Arizmendi. 

Debido al mal estado de salud del cura de San José Casas Viejas, Dr.  Domingo Rodríguez, por acuerdo del segundo obispo de Querétaro Ramón Camacho García, fue nombrado cura de esta parroquia el Lic. Nicolás Campa, quien tomó posesión el 10 de Mayo de 1874 y duró hasta el año de 1890. 

El nuevo cura Nicolás Campa, nombra nuevo Arquitecto en la construcción del Templo, lo mismo que maestro de obras, siendo Ramón Rodríguez Arangoitia y Valentín López, respectivamente, los mismo que cambia de proyecto en la construcción del Templo por lo que este a lo largo de su construcción irá presentando diferente estilos.   El 23 de Octubre de 1875 fallece el Ex-cura de la Parroquia de San José Casas Viejas, a cuya iniciativa se construye el nuevo templo parroquial. 

Para el 22 de Diciembre de 1875 se continúan las obras de construcción del nuevo Templo Parroquial y se traslada al Santísimo Sacramento al Templo de Loreto. 

El 19 de Marzo de 1876 se termina y bendice la primera bóveda, cuyo padrino es el Sr. Francisco Balbás. 

La hermosa cúpula de este Templo Parroquial está sostenida por doce arcos, tres correspondientes al presbiterio, y tres al cuerpo del templo. 

En medio del arco exterior que da al cuerpo del Templo, hay una lápida de mármol blanco, en donde consta que el Obispo de Querétaro, el Sr. Camacho bendijo La Clave, el 13 de Mayo de 1877, con motivo de la visita pastoral de este. 

El 19 de Marzo de 1884, el Cura Nicolás Campa aprieta con sus propias manos la última Clave del edificio. 

La fachada del Templo se realiza al estilo neoclásico, siendo terminada el 31 de diciembre de 1884 y bendecida por el Canónigo de la Catedral de Querétaro, Agustín Guisasola. 

El 12 de Diciembre de 1885, con motivo de La Jura del Patronazgo Parroquial a la Virgen de Guadalupe, se estrenó el órgano, comprado por el Cura Nicolás Campa en los Estados Unidos y que entrara sin pago de aduana a instancias del cura mencionado. 

Muere el Cura Nicolás Campa el 10 de mayo de 1890, habiendo estado 15 años al frente de la parroquia de San José Iturbide y sin haber terminado el edificio del Templo Parroquial. 

Es nombrado cura de la Parroquia de San José Iturbide el Pbro. José Matilde de la Vega, a quien le tocó bendecir el nuevo templo sin terminar el 19 de Septiembre de 1895. 

A instancias del Vicario Pbro. José María Arredondo, se termina el altar mayor conforme al diseño del Ing. Ramón Rodríguez Arangoitia.  

El 19 de Marzo de 1900 se cubre el frontís de la fachada del templo con el reloj parroquial, con sus dos carátulas, que fuera regalado por el Sr. Vicente Barreneche. 

El reloj fue fabricado en Alemania, según consta en la placa de registro y ensamblado en 1888 y su costo fue de 3500 pesos. Los sobrepesos son de hierro que accionan por cuerda mecánica. La carátula es de cristal de grueso espesor y los números se cambiaron de romanos a arábigos. Del otro lado está el reloj fechador que marca los días, semanas y meses. 

El 15 de Agosto de 1905 se estrenaron los 16 candiles que adornaban el Templo Parroquial y fueran donados por la Sra. Guadalupe Arcilla de Lara. 

En 1919 el Cura Villafuerte puso el mosaico del Templo y la Sacristía debido al donativo del Sr. Sixto Soto. 

El 27 de Septiembre de 1921 el Cura Villafuerte coloca una placa en el frente del templo, conmemorando la entrada triunfal de Agustín de Iturbide a la capital de la República. 

En Octubre de 1923 el nuevo cura de San José Iturbide remodela el atrio del Templo, su nombre es Fernando Núñez. 

El Cura Fernando Núñez decora y pone piso de mosaico a la Capilla del Señor del Santo Entierro, que es bendecido por el Canónigo Manuel Reynoso, Vicario General de la Diócesis de Querétaro, un 5 de Febrero de 1925. 

El Cura Fernando Núñez coloca el mosaico a la nave del templo, regalado por el Sr. Julio Ledesma y es bendecido por el Obispo de Querétaro Francisco Banegas Galván, un 16 de Julio de 1826. 

Siendo Cura el Pbro. Felipe Lavigne, se da comienzo el 19 de Mayo de 1941 a la construcción de los “Sui Generis” campanarios. 

El cancel de hierro forjado, obra del herrero José Herrera y diseño del Pbro. Salvador Medina, fue aprobado por la Comisión de Arte Sacro que encabezaba entonces el Canónigo de la Catedral de Querétaro, Ezequiel de la Isla, costeado por el propio herrero y bendecido por el Cura Domingo Muñiz, el 5 de Febrero de 1954. 

El 10 de agosto de 1957, el frontispicio del Templo Parroquial se vino abajo, era cura de la parroquia el Pbro. Antonio Estrada, quien mandó de inmediato reconstruirlo con gran maestría. Esta obra no le ha sido reconocida ampliamente al Padre Antonio Estrada por los Iturbidenses. 

Las puertas de la entrada principal del templo, realizadas por artistas queretanos fueron terminadas en 1995 y el enrejado y adoquinamiento del atrio fue terminado en el 2003. 

La historia del Templo Parroquial de San José Iturbide Guanajuato da comienzo en 1866, sufre un grave percance en 1957, es de varios estilos, resaltando el neoclásico, y su total terminación le lleva cerca de los 100 años.

La Conquista y Pacificación de La Sierra Gorda

“¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestable guerra a estas gentes que estaban en sus tierras, mansos y pacíficos, tan infinitas de ellas con muertes y estragos nunca oídos habéis consumado?”                                                                       Fray Antonio de Montesinos, 1511  

“Las autoridades civiles y españolas en la Sierra Gorda sacrificaban y maltrataban sin justificación alguna a los jonaces y llegaron a la conclusión que la única manera de someterlos era por medio de los militares en guerra de exterminio” 

“Los habitantes prehispánicos de la Sierra Gorda son dignos de admiración porque con toda valentía defendieron su independencia, su libertad y su patria, al grado que la Sierra Gorda fue el último valuarte de los mesoamericanos contra los extranjeros” Fray Esteban Arroyo O.P.  

“En este ambiente hostil era imposible que pudieran florecer las comunidades cristianas, pues llegaron los españoles a tener tanto odio que el mismo Visitador de la Sierra Gorda, Lic. Francisco Zaraza quiso aniquilarlos y suprimir todas las misiones. A este Visitador lo asesinaron los indios en San José de los Llanos Vizarrón”  

En 1743, el Conde de La Sierra Gorda José de Escandón dice al Virrey, en turno, en una carta:  

“Habiendo estado en el Real de Xichú de los españoles, como a ocho leguas del citado pueblo, mandé a empadronar a los citados indios chichimecos que hay en él, y que quedarán en una misión que hubo en dicho real, nombrada de Santa Rosa y que desampararon los religiosos de Santo Domingo, hará como quince años, de los cuales se hallaron 22 familias con 90 personas, los dejé encargados en la Hacienda de Minas de Diego de Novarijo y María Valdés”      La Conquista y Pacificación de La Sierra Gorda 

En el siglo XVIII, el predominio español era sentido en los Valles de Querétaro,  hasta la frontera con la Sierra Gorda, que se mantenía como reducto chichimeca inexpugnable. 

La expansión española, no podía admitir que un territorio tan rico en posibilidades productivas, en especial de minerales, estuviera fuera de su dominio y lo venia estando desde los principios de la invasión europea sobre ella. 

Fue así como José de Escandón inició la conquista de este territorio, al viejo estilo español: A sangre y fuego. 

Para restañar las heridas a los europeos por los habitantes inmemoriales de estas tierras y obligar a los indios a vivir sumisos a los mineros y hacendados de la región, se establecieron las misiones franciscanas. 

Con los elogios a la belleza de estos edificios religiosos, llamados Las Misiones de la Sierra Gorda, han querido borrar de la memoria histórica, lo oscuro de esta conquista, pacificación y colonización, bastante tardía, los mismos, resaltando el esplendor de la Ciudad de Querétaro. 

El numeroso grupo de españoles y criollos interesados en explotar los recursos mineros –plata, cobre, antimonio, estaño, magnesio y mercurio, además del ópalo, mármol y cantera, mas las tierras agrícolas y ganaderas-, inició esta “conquista y pacificación”, que no fue más que una guerra de exterminio, comenzada en un principio a través de uno de los colonos de esta sierra, Jerónimo de Labra,  quien fuera muerto por los indios,  fue el protector de las 8 misiones dominicas en la Sierra Gorda en 1673,en su corta duración. 

A mitad del S. XVIII, la Sierra Gorda seguía permaneciendo fuera del control de los españoles, pese a los esfuerzos realizados por los agustinos,  los dominicos y los franciscanos, desde el siglo XVl. 

Para 1749, esta conquista y pacificación, se encomendó a José de Escandón, quien ya había sofocado rebeliones en la Sierra Gorda, en 1728 y 1734, y quien tenía preferencia por los frailes franciscanos, a quienes les encomendó la fundación de las famosas 5 misiones: Jalpan, Concá, Landa, Tilaco y Tancoyol, que en la época del Arzobispo Francisco Antonio Lorenzana, fueros abandonadas por los franciscanos debido a su escaso éxito, en 1769 

José de Escandón, reprendió a los frailes agustinos, visitadores de Jalpan, donde por cierto existía un Fuerte o Presidio, desde 1576, “por no haber realizado el trabajo de evangelización que les fue encomendado por el Imperio Español” 

Según las leyes de Indias, todos los pueblos de misión o Doctrinas, para ese entonces, debían secularizarse, sin embargo en la Sierra Gorda, no se pudo llevar a efecto en los plazos indicados, por la gran rebeldía de sus habitantes. 

Después de la expulsión de los jesuitas, el Arzobispo Lorenzana, apoyado por los colones españoles y criollos, impulsó la secularización, y fue este quien creo la parroquia de San José Casas Viejas en 1770, acto menos reconocido que el del Arzobispo anterior, en esta población de San José Iturbide. 

El exterminador de los jonaces de la Sierra gorda, José de Escandón, pidió privilegios territoriales y nobiliarios, que le fueron concedidos. Además de enormes fortunas familiares, fortunas creadas en la tardía pacificación militar y religiosa de la Sierra Gorda. 

Con el poder que mantenía Escandón, a quien se le llama Conde de la Sierra Gorda, obtuvo el control, dominio y usufructo de las tierras y la mano de obra de los chichimecos, logrando junto con sus subalternos, bajo su protección, fortunas considerables. 

Estas circunstancias permitieron que la Sierra Gorda, fuera usual la práctica de la esclavitud, encarcelar a los indígenas, y exigir fuertes sumas por su rescate. 

*Esta nota está tomada de la Breve Historia de Querétaro, Editada por el Colegio de México y                                                                                                                    escrita por Marta Eugenia García Ugarte.  

*Nota: 

Fue después de creado el obispado de Querétaro, cuando se comenzó la construcción del nuevo Templo Parroquial, (1866) de San José Casas Viejas, comenzando bajo el episcopado de su segundo obispo, Ramón Camacho García,  siguieron después los obispos Rafael Sabás Camacho, Manuel Rivera Muñoz, Francisco Banegas Galván, Marciano Tinajero y Estrada y Alfonso Toriz Cobián. El Primer obispo Bernardo Gárate y el octavo, Mario Gasperín, no entran en reformas al edificio de gran envergadura. 

La parroquia de San José Casas Viejas, desde su fundación en el año de 1770, dependió del Arzobispado de México, creado en 1527, después del de Tlaxcala,  siendo en ese entonces el Arzobispo Lorenzana su titular por lo que es  pues este, el creador de la parroquia secularizada tanto en la región y especialmente es San José Casas Viejas. 

La influencia de los jesuitas en esta región, permanece desde San Luis de La Paz,  hasta San José Iturbide, aún después de su expulsión, por decreto del Rey Carlos III de España,  del 27 de Febrero de 1767. 

Es de recordarse que los franciscanos, abandonaron la doctrina de Xichú de Indios, hoy Victoria, en 1749, y su influencia no alcanzó a esta zona del Valle de Galomo, donde ahora se encuentra San José Iturbide.    A finales del Siglo XVI, la Doctrina y Curato de Xichú de indios, hoy Victoria, a cargo de los frailes franciscanos de la Provincia de San Pedro y San Pablo de Michoacán, y en lo civil, dependiendo de la Alcaldía Mayor de San Luis de la Paz, y por el lado eclesiástico, del Arzobispado de México, nunca estuvo en verdadera posesión de regulares algunos hasta el sometimiento de la Sierra Gorda a mediados del Siglo XVIII. 

A finales del Siglo XVIII, dentro de este curato se fundaron las Misiones Dominicas de Santa Rosa y de Santa María Magdalena que no prosperaron y desaparecieron a principios del Siglo XVIII. 

Dentro del territorio de este Curato de Xichú de indios estaban los pueblos de Santa Catarina, Cieneguillas, Tierra Blanca y Casas Viejas, y cuyos cabildos residían en la población de Xichú. Dentro de este curato se establecieron tierras para que fueran explotadas por los invasores españoles. 

Según decir del Arzobispo Manuel Rubio Salinas, la tarea de los religiosos de evangelizar y adoctrinar, ya estaba terminada, por lo que seguía la secularización de las mismas. El argumento de este Arzobispo era que “A los graves inconvenientes que resultan que los regulares aplicados a estos ministerios, viven sin la vista y subordinación de sus superiores…” 

Según orden de Felipe VI, de proveer sacerdotes seculares, según fueran quedando vacantes las sedes parroquiales por los religiosos, en Xichú de Indios, en julio de 1746 muere el Fraile José Martínez Segura, por lo que el Virrey de Revillagigedo encargó el 19 de Mayo de 1751 que Rubio y Salinas nombrara cura en Xichú de Indios y que los frailes franciscanos entregaran el Templo y anexos del Curato. 

El cura del Real de Xichú, Juan Ignacio Rodríguez, reforzado por el Teniente de Alcalde de San Luis de la Paz, tomó posesión del Curato de Xichú de Indios y de las capillas de los pueblos sufragáneos. 

En 1754, Rubio y Salinas informa por carta al Consejo de Indias que ha conseguido apartar a los religiosos franciscanos de siete misiones, a los agustinos de seis, y a los dominicos de cuatro en el año de 1753. 

El párroco de San José Casas Viejas, Br. Andrés Ramírez, inicia un litigio en 1783, contra el Mayorazgo de Luyano para que le sean concedidos 25 solares para españoles alrededor de la parroquia, juicio que le es favorable en 1804. Aludió la necesidad y la ley de que por lo menos 12 familias de españoles custodiaran al Santísimo Sacramento. 

Para 1803, queda pues establecido un pueblo de españoles en San José Casas Viejas y que será abandonado por estos en 1810, y cuyo resguardo quedará en los indios y el Padre Olvera durante los siguientes 4 años, hasta que fue nombrado Cura el Padre Garfias y jefe Político el militar José María Lanzarín y da así comienzo su reconstrucción o a mi decir un nuevo pueblo que es el que hoy conocemos como San José Iturbide. 

Manuel Septién y Septién y La Historia de Querétaro

300 años de queretanidad89 años de edad52 años de historiador, compilador y editorSu obra completísima y aún insuperable   

Manuel Septién  Septién y su Historia de

Querétaro 

José Félix Zavala

 

“En la historia de Querétaro, muchas de sus épocas son trágicas y apasionantes, la guerra de reforma le causó mucho daño a la ciudad y El Sitio y fusilamiento de Maximiliano, colocó a la ciudad, ante la mirada del mundo entero, Querétaro fue próspera e importante, pero hace cuarenta años pasó por una postración muy aguda”. 

Como un homenaje, al hasta hoy insuperable historiador local, Manuel Septién y Septién,  se publicaron sus obras completas, en cuatro tomos, más  su cartografía, edición que permaneció más de año y medio, en bodega, sin explicación aparente.  

Con 89 años de edad, nuestro historiador, cuenta entre sus haberes,  con el premio en ciencias, “Doctor Leopoldo Río De La Loza”, con la creación del premio estatal de ensayo histórico, nominado “Manuel Septién” y con una bibliografía prolífica e indispensable en la historiografía local. 

Es bisnieto del historiador José Antonio Septién Villaseñor, es también descendiente directo, en sexta generación, del primer Septién llegado a la entonces Nueva España, por el año de 1700,  se llamó Agustín Septién Montero. 

La Historia de Querétaro ha sido a veces muy alterada y otras veces cambiada totalmente, pero yo he procurado decir la verdad en todo, apoyado en documentos”. Nos dice en forma por demás sencilla Manuel Septién. 

Vecino,  de quien esto escribe, a principio de los años setenta. Se unió Manuel Septién, al grupo de vecinos, residentes   a la orilla oriente de La Alameda, por la calle de Pasteur, Abraham González, Agustín San Román, Chema Hernández y quien esto escribe, éramos los vecinos. 

Cuando aparece el historiador  Manuel Septién, en ese vecindario, trae consigo un proyecto de construcción para su casa, realizado siempre bajo su vigilancia y gusto personal, hasta hacer de su domicilio un museo.  Era el vecino ideal, a pesar de ser el Presidente del Tribunal Superior de Justicia, por ese entonces. 

“Yo soy queretano y me interesa mucho la historia de Querétaro, desde que era chico, yo he revisado archivos y he encontrado documentos muy importantes para nuestra historia, lástima que los archivos que se encuentran en la ciudad, estén mutilados” 

Quien esto escribe, revisó en 1987, la biblioteca del Congreso del Estado, integrada por una importantísima donación de libros y manuscritos de Manuel Septién y Septién y que alguna vez estuvieran en el teatro de la República. Para ese entonces ya quedaban muy pocos del listado original y se hizo lo posible para poder mantener por parte de la Cámara de diputados, a buen resguardo ese tesoro bibliográfico. 

“Para celebrar el 450 aniversario de la fundación de Querétaro, se creó una comisión de historia, integrada por el profesor Enrique Martínez y Martínez, el Licenciado Fernando Díaz Ramírez y yo. El único que cumplió su cometido fui yo, porque escribí la historia de Querétaro desde los tiempos pre hispánicos, hasta el año de 1808”. 

“Un historiador debe ser un verdadero investigador, que hurgue en los archivos, porque todavía hay por todas partes documentos sobre la historia de Querétaro a rescatar y que nos pueden revelar elementos hasta ahora no conocidos de nuestra identidad. 

“Yo soy un resto de una familia antigua, estamos en Querétaro desde principios del siglo XVlll, mi familia llegó aquí en 1719, procedente de la ciudad de León”. Sigue diciendo Manuel Septién al afirmar su identidad y apego por la historia local. 

“Cuando yo escribí el tomo uno de mi Historia de Querétaro, se carecía totalmente de estudios antropológicos, etnológicos y arqueológicos de nuestro pasado,  ahora notables los trabajos de investigación y restauración de las ruinas prehispánicas de Ranas, Toluquilla y el Cerrito, esto se debe en gran parte a Margarita Velasco” y abre un magnífico panorama a la parte más obscura de nuestra historia. 

Manuel Septién y Septién, nació en esta ciudad, el 23 de marzo de 1913, es hijo del Dr. Salvador Septién y de la Sra. Dolores Septién González Cosío, esta casado con la Sra. María Luisa Muriel De La Torre, con quién procreó seis hijos: Ma. Luisa, Pedro Antonio, Ma. Dolores, Alejandro, Isabel, y Manuel. 

 Habla con complacencia de los lugares recreativos de la ciudad o sus cercanías como son La Cañada, San Bartolo y La Alameda, lugares historiados por él. 

Retiene como influencias a su trabajo y los reconoce como historiadores de importancia local a José Antonio Septién Villaseñor, a Fray Isidro Félix de Espinosa, al Padre Larrea, a Valentín Frías, de quién se expresa como el mejor documentado, a Pablo Cabrera y a Heraclio Cabrera 

No se queja, pero menciona nunca haber recibido la invitación de ser el cronista de la ciudad, aunque reconoce que no hubiera podido serlo debido a su trabajo de abogado y de investigador. 

Fundó en1945 la editorial “Santiago” donde se publicaron obras de la talla de “Santiago en América”. “Las Crónicas de Michoacán de Fray Isidro Félix De Espinosa, entre otras más. Editorial pionera y de valor fundamental en la vida de Querétaro. 

Vivió en la ciudad de México durante 26 años, es fundador de la Sociedad de Geografía y Estadísticas, sección Querétaro, es característico en él la modestia, su generosidad y el empeño a su trabajo de investigador. 

Y como ya lo dijera Antonio Loyola  durante la presentación de sus obras completas: “La selectividad y precisión en sus estudios están cimentados en las fuentes documentales primarias y en un análisis minucioso, sujetando su investigación a principios de individualidad científica”. 

Es importante resaltar su relación de muchos años con Jorge De Negre, librero e historiador, con quién colaboró en la formación de la Enciclopedia de México y rescataron documentos y bibliografía importante para la historia de Querétaro allá en la colonia Nápoles, junto al entonces Hotel de México.  

Establece y quiere que quede claro que el cronista escribe sobre los acontecimientos actuales y no están dedicados a la investigación sobre el pasado y que quedan aspectos muy importantes por historiar como el desarrollo social y físico de la entidad. 

En sus obras completas podemos encontrar por fin la “ Historia de Querétaro” hasta nuestros días, la historia de La Alameda, la historia del Acueducto y las fuentes, la transcripción de documentos para la historia de Querétaro. 

 Importantes monografías como “La revolución de Independencia de la Sierra Gorda”, La vida de Epigmenio González, los precursores de la Independencia de México, la defensa que sobre el territorio de Querétaro hiciera Félix Osores el cura de la Parroquia de Santa Ana 

“Querétaro es ahora una ciudad muy próspera, pero en toda su historia ha dado gente muy valiosa en el campo intelectual”. 

El portal de la casa del Historiador lo resguarda, la puerta café obscuro que da entrada a la casa se cierra y solo se abre un postigo donde “la sirvienta” hace el interrogatorio de rigor para los que buscan, las columnas, la terraza y los ángeles, todo en cantera, guardan eterno silencio.