El Parque “Fundidora” en Monterrey

Podrían declarar al Parque Fundidora

Patrimonio de la Humanidad

Judith Amador Tello

(apro).-

Entre las candidaturas a la Lista de la Humanidad, que el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO revisará en su próxima reunión –del 19 al 22 de junio– en París, Francia, se encuentra el Parque Fundidora Monterrey, localizado en la capital de Nuevo León, que, de ser aceptado, se convertiría en el primer bien de carácter industrial de México inscrito en la lista.

La historia del parque se remonta a principios de 1900, cuando el 5 de mayo de ese año la empresa siderúrgica Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A., se fundó y estableció en ese sitio. Durante 60 años produjo artículos de fierro y acero como rieles, alambrón, varilla corrugada, estructuras y ruedas para ferrocarril entre otros (www.parquefundidora.org). A partir de los años sesenta se dedicó a la elaboración de aceros planos.

“Dentro de los logros realizados por esta empresa, destaca la proyección de una serie de expansión y modernización que abarcaron los años de 1957 a 1977, tendientes a modernizar la tecnología siderúrgica de Fundidora Monterrey. A partir de los años 70’s se inicia el paulatino decaimiento de la empresa. Una combinación de problemas sindicales, de producción, devaluación económica, deuda financiera, entre otros, llevó a la considerada primera industria siderúrgica de América Latina a la quiebra el 9 de mayo de 1986.”

Según la información de la organización de Parque Fundidora, luego de la liquidación de obreros y demás trabajadores de la empresa, el entonces presidente Miguel de la Madrid (quien inició la privatización o desaparición de varias empresas paraestatales con el pretendido proyecto de “adelgazamiento del Estado) decidió ceder al estado de Nuevo León los terrenos de la Fundidora y sus instalaciones para la creación de un parque ecológico.

Se comenzó en aquellos años con el retiro de parte de las instalaciones industriales para abrir espacios y sembrar árboles. En julio de 1989 se aprobó un plan maestro del cual “se desprendieron otros planes” que permitieron la construcción del Centro de Exhibiciones, conocido como Centro Internacional de Negocios (Cintermex), un parque de béisbol para ligas infantiles de Nuevo León, se restauraron los edificios de la Antigua Escuela Adolfo Prieto y Recreativa Acero, “proyectados para eventos sociales y culturales”, se construyó un hotel de cinco estrellas, una feria de diversiones, un teatro al aire libre, y el Archivo Histórico de Fundidora.

La imagen que el Parque tiene actualmente debe a haber sido sede del llamado Fórum Universal de las Culturas realizado en 2007, más célebre –según reportó entonces en varios reportajes el semanario Proceso– por los “trinquetes” en que se vieron inmiscuidos sus organizadores, Gastón Melo, entre ellos (quien cobraba mensualmente 22 mil dólares, equivalentes entonces a 238 mil pesos) como el propio gobernador del estado Natividad González Parás “por permitir que prosperara la desorganización, el despilfarro y la deshonestidad”.

Todo ello pareció quedar atrás cuando, el 24 de febrero de 2001, el Parque Fundidora “logra concretar su máxima transformación al ser declarado Museo de Sitio de Arqueología Industrial, con su tradición histórica como elemento principal dispuesto al servicio de la comunidad”, subraya el sitio web de la organización Parque Fundidora creada para el Fórum.

Ahora tiene nuevos atractivos, se ha integrado a la Macroplaza, a través de segunda sección Fundidora II, de 28 hectáreas, tiene una pista de hielo, un “macro-estacionamiento, el Museo del Acero Horno 3. Lo cierto es que como informó Proceso en su momento, la unión entre la Macroplaza y el Parque estaba dentro de los planes de construcción de infraestructura para el Fórum.

Se planeaba unirlos mediante el paseo Santa Lucía, “un río artificial navegable construido a lo largo de 2.5 kilómetros, con una anchura de entre nueve y 15 metros, con 1.20 metros de profundidad y capacidad de 44 mil metros cúbicos”, pero como es común en este tipo de proyectos (como el Bicentenario) no estuvo listo a tiempo y se abrió posteriormente.

En la reunión de la UNESCO se analizarán candidaturas presentadas por otros 40 países, entre ellas la obra arquitectónica de Le Corbusier, por su contribución al movimiento moderno, presentada conjuntamente por Alemania, Argentina, Bélgica, Francia, Japón y Suiza. Hay países como Barbados, Congo, Emiratos Árabes Unidos, Jamaica, Micronesia y Palau, que aún no cuentan con ningún sitio inscrito y de ser aceptadas sus propuestas sería su primera aparición en la Lista del Patrimonio Mundial.

Ante la incredulidad de la verdad, el ridículo

No devaluar la investidura

Editorial

La Jornada

Ayer, al participar en la Cumbre Mundial de Viajes y Turismo, que se realiza en Las Vegas, el titular del Ejecutivo federal mexicano, Felipe Calderón, pretendió minimizar la catástrofe en la que se encuentra la seguridad pública en nuestro país y afirmó, con ese propósito, que “son de tequila… los únicos shots (tiros) que reciben los springbreakers” extranjeros que acuden a las playas mexicanas y que la mayor parte del territorio nacional es apacible. Poco después, representantes de la comunidad mexicana en Nevada le señalaron la inseguridad que impera en México. Si nosotros no nos sentimos seguros, qué siente el extranjero, apuntó uno de ellos; otro se lamentó: “Quiero llegar manejando mi troquita a México, pero me muero de miedo manejando por esas carreteras”.

Por principio de cuentas, es cuestionable la presencia de Calderón en la reunión mencionada, pues se trata de una cumbre de nivel gerencial y, a lo sumo, ministerial, a la que no acudió ningún otro jefe de Estado o de gobierno. En todo caso, habría sido más adecuado enviar a ella al titular del ramo y a la secretaria de Relaciones Exteriores.

Pero lo realmente preocupante es lo dicho por el político michoacano acerca de los “shots de tequila” porque tal expresión reviste, desde cualquier ángulo que se le vea, significaciones irrespetuosas y ofensivas.

Una lectura posible de ella es que los turistas extranjeros, a diferencia de los mexicanos, no tienen nada que temer del clima de exacerbada violencia que azota al país, lo que, a su vez, reflejaría un inaceptable desenfado del gobernante ante la tragedia que padece la población mexicana.

Igualmente preocupante, si a lo que Calderón se refería es que la violencia en México, independientemente de la nacionalidad de sus víctimas, es un serio problema de percepción, ello denotaría una suerte de fuga de la realidad, porque las decenas de miles de asesinados en el contexto de la guerra contra la delincuencia organizada –que el propio gobernante declaró al principio de su administración– son mucho más que una percepción: son vidas humanas segadas, familias golpeadas, tejidos sociales alterados.
Por desgracia, la ligereza de la expresión usada por el Presidente no sólo es desmentida por los saldos de destrucción que han dejado en la sociedad mexicana las confrontaciones en curso, sino también por los datos sobre extranjeros que han muerto de manera violenta en nuestro país. Por ejemplo, el pasado 22 de abril, el Departamento de Estado emitió una alerta de viaje en la que se informaba: El número de ciudadanos estadunidenses asesinados en México subió de 35 en 2007 a 111 en 2010.

Es significativo que miembros de la migración mexicana en Nevada hayan cuestionado, ante Calderón, el optimismo oficial, y le hayan recordado los peligros a que se exponen los connacionales que viven en Estados Unidos cuando regresan, de visita o en forma definitiva, al país.

Más allá de las imprecisiones y falsedades, es de lamentar que el titular del Ejecutivo federal emplee expresiones tan desafortunadas para hacer referencia a una circunstancia nacional con la que nadie, y menos un gobernante, debiera hacer bromas. Al actuar así, Calderón devalúa la investidura que ostenta, menoscaba sus propios reclamos de respeto a sus críticos, socava sus críticas a Estados Unidos por la tolerancia con el tráfico de armas a nuestro país y resta seriedad a sus argumentos en pro de una estrategia de seguridad que ha perdido respaldo y hasta verosimilitud.

Los E E U U de América es un pueblo guerrero que somete por la fuerza a diestra y siniestra.¡Pobre mundo!

La estrategia del arriba

Raúl Zibechi

La Jornada

Cualquier plan de acción de los movimientos antisistémicos debe partir de una comprensión lo más completa y abarcativa posible de los objetivos estratégicos que persiguen los grupos dominantes, o sea la tecnoburocracia que maneja los principales hilos del poder global. No se trata de erigir una estrategia alternativa en relación de simetría, sino de comprender cómo planean las clases dominantes perpetuarse en el lugar actual, para prepararnos y maniobrar en consecuencia.

En los últimos años va cobrando cuerpo la opción fascista. El nacimiento y expansión del Tea Party en Estados Unidos, el ascenso de la extrema derecha en Francia y la derechización hasta límites peligrosos de algunas derechas europeas como la española, son señalas de alerta. En América Latina la consolidación de la oligarquía colombiana en el poder estatal y el probable retorno de los Fujimori al gobierno son síntomas más que preocupantes.

Por fascismo no entiendo una ideología, sino la militarización y exterminio de los de abajo organizados en movimientos. Es evidente que esos pasos se pueden dar sin dejar de pronunciar frases “democráticas” y que el exterminio lo pueden realizar gobernantes salidos de las urnas, toda vez que el sistema político ha sido reducido a un ejercicio electoral que no se traduce en cambios estructurales. Haití, Colombia y México nos enseñan que militarización, exterminio y “democracia” son enteramente compatibles. La reciente propuesta de Douglas Fraser, jefe del Comando Sur, para abrir un nuevo frente de guerra en el sur de México y en el triángulo Guatemala-El Salvador-Honduras, que define como “la zona más letal del mundo fuera de las zonas de guerras activas”, enseña quiénes toman las grandes decisiones que nos afectan.

La tendencia más importante que vive la humanidad es la concentración de poder. Estamos ante el poder más concentrado que conoce la historia, y ese enorme poder es el que permite una brutal concentración de riqueza y la cada vez mayor concentración de pobreza en la mitad de la población mundial. Tan grande es ese poder que escapa al control de los estados. Ese enorme poder trasnacional utiliza algunos estados muy poderosos, como Estados Unidos, para perpetuarse en la cúspide. Para ese poder, la humanidad es hoy un estorbo, como ya lo han dicho los zapatistas en La cuarta guerra mundial, un texto de rigurosa actualidad que ya tiene 10 años.

Fernand Braudel señalaba que hasta el siglo XVIII la demografía había conocido periodos de flujo y reflujo más o menos constantes, con raras y excepcionales situaciones de equilibrio. Sólo a partir del siglo XVIII se produjo una “ruptura de las fronteras de lo imposible” y la población comenzó a crecer sin que se haya registrado, en casi tres siglos, retroceso alguno (La dinámica del capitalismo). Este es uno de los datos duros del mundo actual: la enorme expansión de lo que William I. Robinson denomina como “población global superflua”, que en su opinión ya representa un tercio de la humanidad (Al Jazeera, 8/5/2011).
Ese tercio excluido es uno de los objetivos del poder. Y lo es de diversas formas: es el tercio de la población de Brasil que es asistido con el programa Bolsa Familia; el mismo tercio que se alimentaba en comedores populares durante el régimen de Alberto Fujimori administrados por su clientelismo mafioso. Y así sucesivamente. La contracara, por supuesto, es la militarización de las favelas brasileñas y el asesinato de 70 mil peruanos en la misma década, además de la esterilización forzosa de 300 mil mujeres indias. En cada país y región pueden hacerse números y concluir cuántos sobran y cómo se están implementando programas para neutralizarlos/asesinarlos.

En Colombia, por ejemplo, la guerra desplazó a 4 millones de campesinos de sus tierras y provocó cientos de miles de muertos. Lo más terrible es que el genocidio sigue adelante, como lo viene denunciando la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN). La guerra y la militarización al servicio de lo que Robinson denomina como “acumulación militarizada” se realizan desde hace algunos meses bajo los nuevos modales “democráticos” esbozados por el presidente Juan Manuel Santos, que siendo ministro inventó los “falsos positivos” (civiles asesinados por el ejército para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate) y ahora funge a la vez como amigo de la Unasur y de la Alianza del Pacífico, dos proyectos antagónicos.

Para los movimientos anstisistémicos, comprender que la variante genocida de los de arriba va ganando mayores espacios supone mirar la realidad de frente, no para paralizarnos sino para definir con mayor nitidez las formas de acción. Distraer fuerzas en disputas pequeñas no tiene el menor sentido. Hay quienes tienen aún la ilusión de que los de arriba pueden tolerar otra política sin antes neutralizar o dinamitar los espacios colectivos. No debemos enzarzarnos en disputas verbales sobre los caminos a seguir. Dividen y paralizan; debemos crear e inventar.

Los hechos muestran que es necesario crear espacios para que los de abajo nos relacionemos, podamos debatir y cuestionar, organizar y movilizar. Lo que viene sucediendo estos días en la Puerta del Sol de Madrid o en el barrio Exarxia de Atenas, siguiendo más o menos los mismos pasos que llevaron a ocupar la plaza Tahrir en El Cairo, muestran que es un camino tan necesario como posible. Un camino distinto al de la tradicional huelga seguida de manifestación para presionar al poder, que no mira arriba sino horizontalmente, que busca tejer vínculos no sistémicos para delinear el mundo otro.

Estos movimientos suelen ser criminalizados, perseguidos y reprimidos. Los de arriba pueden optar por la masacre como han hecho tantas veces y siguen haciendo ahora en Medio Oriente. Se impone la necesidad de defender estos espacios, una tarea en la que los movimientos van muy a la zaga del poder. Pero que deberán abordar antes de que sea demasiado tarde.

El pueblo español en Plaza del Sol, ejemplo para México

EDITORIAL

El País

¿Conflicto en Sol?

La prohibición de la Junta Electoral coloca al Gobierno en el dilema de disolver las protestas
La Junta Electoral Central decidió anoche prohibir las concentraciones durante el fin de semana electoral. El reciente desalojo policial de la plaza madrileña fue un error contraproducente. Lo mismo que la prohibición decidida por la Junta Electoral de Madrid, puesto que carecía de sentido que este órgano negase el derecho de manifestación, reconocido constitucionalmente, apoyándose en una simple disposición administrativa. Pero la decisión de la Junta Electoral Central será la que acarree mayores consecuencias, puesto que coloca al Gobierno ante una compleja tesitura. Su inexcusable obligación es disolver a los eventuales manifestantes en cumplimiento de la decisión adoptada por la Junta. Pero hacerlo puede tener para él graves consecuencias electorales. Si estalla el posible conflicto que la Junta ha preferido ignorar, es seguro que perturbará mucho más que cualquier manifestación el desarrollo de la jornada electoral.

No han sido los líderes políticos quienes, con sus propuestas, han dominado la campaña para las elecciones municipales y autonómicas del próximo domingo. En su lugar, una movilización ciudadana iniciada el pasado día 15 en las principales ciudades del país se ha convertido en el centro de atención casi exclusivo en vísperas de que se abran las urnas. El protagonismo adquirido por los manifestantes de la madrileña Puerta del Sol, y también de otros lugares, solo se explica por la confluencia de la deteriorada situación económica que atraviesa España a causa de la crisis y el inexpugnable ensimismamiento del que adolece la lucha política institucional, librada por los partidos en un terreno cada vez más autorreferencial y desentendido de los graves problemas existentes.

La protesta no es generacional, sino ciudadana; otra cosa es que sean mayoritariamente jóvenes quienes se han colocado en primera línea, haciéndose eco de unas preocupaciones que son más amplias y que a ellos les afecta tanto como a otros grupos sociales. La respuesta a la crisis no sólo ha condenado a la precariedad y la ausencia de expectativas a quienes se incorporan por primera vez al mercado de trabajo; también quienes llevaban tiempo en él están siendo arrojados al paro y la exclusión.

Desde los partidos, tan lastimoso resulta el intento de capitalizar electoralmente las protestas como el de achacarlas a tenebrosas conspiraciones que, en el fondo, solo demuestra la incapacidad de entender la política de otra forma que no sea como navajeo y maniobras en la oscuridad. No son solo los manifestantes, muchos o pocos, los que interpelan a unos partidos que no han sabido estar a la altura del liderazgo que exige su tarea de canalizar los conflictos de intereses y de perspectivas, resolviéndolos en el interior de las instituciones; son también, y sobre todo, los ciudadanos que están dando la espalda a la política, incapaces de reconocerse en las alternativas electorales que se les ofrecen.

Si son votantes desencantados de la izquierda, esta tiene, sin duda, una grave responsabilidad. Pero no menor que la derecha cuando cifra su eventual victoria en conseguir que esos ciudadanos se queden en casa y no en obtener el apoyo a sus propuestas. En realidad, si la derecha, si el Partido Popular, no las formula es porque su mezquina opción está clara: prefieren un abstencionista, que perjudica al sistema democrático, antes que un votante al adversario.

Que los manifestantes de la Puerta del Sol hayan sido incapaces de expresar una posición política definida no les priva de su condición de síntoma, que los partidos harían bien en interpretar; tampoco del derecho a expresar sus opiniones, por más que se limiten a proponer como solución lo que es solo el enunciado de los problemas.