En el merodear virtual de este espacio hecho de pantallas me encontré con la sorpresa propia de un lego en materia histórica, la aparición azarosa de un video llamado ¿Podemos emplear la historia para comprender el presente?, emitido por el canal Critical Edge. Desde el inicio del programa se planteó que la postura del medio se halla en aprender “cómo pensar trascendiendo el qué pensar”. Empezaba bien, y dejando correr la entrevista cual fondo sonoro fui conociendo al personaje que ahora trataremos, el escritor británico Dominic Sandbrook.
Artificios
Para Sandbrook las fábulas nacionales no pueden ser ajenas a una dulcificación narrativa paralela a la que las personas se cuentan sobre sí mismas y sus vínculos familiares en un compartimiento simplificado del tiempo. La historia en cuanto desenvolvimiento cronológico del orgullo patrio opera en coordenadas que satisfacen el interés popular sin mayor miramiento o duda, ese es su propósito. Por consiguiente, la nación no es más que su relato, una narrativa que actúa como núcleo de su mismidad, una trama compartida cuya urdimbre vertebra la ontología patriótica. Todo aquello no es posible sin conceder la existencia de algunos mitos fundacionales, no necesariamente nocivos mas cuando entrañan un componente denso de victimismo o xenofobia -tentación sensible a los Estados de recién existencia y ardua pugna.
Durante la conversación se planteó cómo puede acoplarse la historia a la labor pedagógica. Los límites del tiempo fomentan el ser selectivo sobre qué enseñar, reto sumado a un formato anodino, o sea, moralizante y condescendiente a la capacidad probada de los niños para captar claroscuros. Por el contrario, enseñar cualquier episodio puede ser emocionante y más si toca tópicos universalmente atractivos como son las guerras. Finalmente se señala que la deseable superación del maniqueísmo es posible en la medida en que los alumnos puedan presentir la inmensidad ignota del pasado, dudas hendidas entre los huecos de lo que ya se sabe.
En el trascurso de la discusión se pone sobre la mesa la dificultad de equilibrar la comprensión histórica con el sesgo que impone el sentido de pertenencia que los relatos generan, algo que un apreciado cófrade recurrentemente problematiza entre la voluntad de convencer o de comprender. Dominic indica que no tendría porque no tratarse la historia con un sano orgullo mientras eluda encorsetar su enseñanza, por momentos igualmente es válido y necesario tratar temas turbios.
Arborescencias
Al indagar más sobre el autor, descubrí que entre sus escritos existe una obra de divulgación llamada “La Caída de los Aztecas”, y dándome a su lectura noté que lo expuesto en la entrevista se veía claramente proyectado en la forma de explicar la Conquista de México, una mixtura de amenidad, seriedad historiográfica y profundidad interpretativa condensadas en una experiencia agradable, no solo para quien tiene usted la gentileza de leer, sino para aquella mirada vivaz de la infancia a la que solamente podemos acceder bajo cierta remembranza intuitiva de lo que alguna vez fuimos. Paradojas de la cuestión, un escrito respetuoso hacia la inteligencia del público objetivo resulta ser más solvente que una panoplia de propuestas diseñadas para una audiencia adulta expuesta a una manera desgarbada sobre hechos del pasado y cómo debieran entenderse.
Sobre el particular comparto un fragmento:
El encuentro de estos dos hombres, el emperador azteca y el aventurero español, cambiaría el curso de la historia. Fue el episodio más emocionante de un drama épico que marcó el fin de la Edad Media y dio cauce a la época moderna.
El secretario particular de Hernán Cortés, Francisco López de Gómara, afirmó alguna vez que la conquista española de América fue “el hecho más grande desde la creación de la Tierra”. Más tarde, el pensador escocés Adam Smith escribió que las expediciones españolas comprendieron “los acontecimientos más grandes y significativos registrados en la historia de la humanidad”.
Es probable que tuvieran razón. La odisea de Cortés es uno de los relatos más apasionantes de la historia, solo comparable con la gesta de Alejandro Magno, la vida de Cleopatra o las dos guerras mundiales. *
También es uno de los momentos cruciales de la historia, un punto de inflexión entre lo antiguo y lo nuevo. Porque fue la conquista española la que, por primera vez, unió el Viejo Mundo -Europa, Asia y África- con el Nuevo Mundo, es decir, el continente americano.
No obstante, y por encima de todo, esta es la historia de una deslumbrante civilización perdida, a la vez sofisticada y salvaje, hermosa y terrible: el desaparecido mundo de los aztecas.
Con sus vastas ciudades y pirámides imponentes, sus tocados de plumas y sus sacrificios humanos, siempre han causado asombro. Parecían tan orgullosos, tan poderosos… y de repente todo aquello se derrumbó.
Sin embargo, algo curioso sobre ellos es que nunca se autodenominaron “aztecas”.
Su idioma era el náhuatl y ellos eran nahuas. Los habitantes de Tenochtitlan se llamaban a sí mismos mexicas. De hecho, la palabra México probablemente significa simplemente “el lugar de los mexicas”.
La palabra “aztecas” fue acuñada por escritores en el siglo XIX para distinguir a los antiguos mexicas de los mexicanos modernos. Aun así, todo el mundo conoce su significado, por lo que sería raro no usarla.
El nombre de algunos personajes también es motivo de debate, ya que los aztecas no usaban nuestro alfabeto.
Por ejemplo, al ya mencionado emperador a veces se le llama Montezuma, Motecuhzoma, Motewksomah o Motecuhzomatzin. Pero en español se le suele llamar Moctezuma, así que nos quedaremos con esta manera de nombrarlo.
Moctezuma era un hombre bélico y despiadado. Cortés también lo era. Y, en honor a la verdad, la Caída de los Aztecas contiene varios episodios harto cruentos.
Durante siglos, la gente solía contar esta historia como un choque entre aztecas malvados y valerosos españoles. Hoy en día, es más común contarla desde el ángulo opuesto, presentando a los aztecas como unos dignos derrotados y a los conquistadores españoles como monstruos codiciosos.
Pero yo no lo veo así. Hubo mucha crueldad de ambas partes, y también mucho denuedo.
¿Fue Moctezuma un héroe? ¿Fue Cortés un villano? ¿O más bien sería al revés? ¿Quiénes fueron más sanguinarios, los aztecas o los españoles? ¿O es un tanto simplista verlos de esa manera?
He intentado evitar tomar partido. Todo esto te corresponde decidirlo a ti, no a mí. Y no hay una respuesta correcta: la historia está hecha de interpretaciones, lo cual la hace tan fascinante.
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¿En México podemos construir una identidad capaz de dialogar fructíferamente con el pasado? La complejidad de nuestra historia y los profundos cimientos civilizatorios que la contienen la torna riquísima, a grado tal que fácilmente se sucumbe en la ilusión de tomar la parte por el todo -la bicentenaria confrontación política ha consolidado dos relatos diametralmente opuestos, apenas comunicados por sus hechos más determinantes. La propuesta de Sandbrook se sostiene en jugar con esa discusión, ver cómo la Conquista de México ha cambiado de lente a lo largo del tiempo, permitir que la maravilla y el terror de aquel encuentro puedan experimentarse con ánimo curioso, desde una posición capaz de oxigenar su comprehensión. La divulgación no tendría que discordar entre la veracidad documental y el entretenimiento, y de darse alguna displicencia biliar acaso debiéramos devolvérsela al amarillismo, la mala fe y el cinismo demagógico. Así, la historia puede ser otro espejo para observarnos en las encrucijadas que nuestra efímera existencia impone, y de no alcanzar a explicarnos el presente bien le concedemos a su insondable mundo que ni siquiera desde la vida propia sabemos con total certeza lo que determina nuestra experiencia ni los acontecimientos que habrán de acecharnos colectivamente. Tampoco sabremos darle cabal respuesta a nuestros lectores sobre la pregunta que encabeza este párrafo; no obstante, procuraremos seguirle el rastro a las voces perdidas de la polifonía indiana que nos subyace. Haremos lo posible para que así sea.
* Su texto sobre la Conquista de México pertenece a una serie de libros llamada “Aventuras en el tiempo”, y hábilmente la publicita en este párrafo aludiendo a otras entregas de su autoría.
Fuentes:
Critical Edge (2025). ¿Podemos emplear la historia para comprender el presente? [Video]. En: https://www.youtube.com/watch?v=TqzmwzciEUo
Sandbrook, D. (2025). La caída de los aztecas. Penguin Random House. Disponible por Amazon: https://www.amazon.com.mx/Adventures-Time-Fall-Aztecs-English-ebook/dp/B0BWDJ766V